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Reinaldo Álvarez Lemus: Un aprendiz de poeta que soñaba con ser trovador


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Reynaldo Álvarez Lemus, escritor de literatura infantil y ganador de diversos premios literarios. Foto: Roberto Suárez. Foto tomada de Juventud Rebelde.

El catálogo de autores de Literatura infantil cubana, en los últimos años se ha enriquecido mucho, baste mencionar nombres como Nelson Simón, Eldys Baratute José Manuel Espino, Mildre Hernández, y Reinaldo Álvarez Lemus. Así se evidencia en los títulos publicados por editoriales nacionales como Gente Nueva y Ediciones Oriente.

Mucho tienen que ver con este fenómeno la creación hace 16 años de los sellos editoriales territoriales como Extramuros, Ediciones Santiago, Capiro, Ediciones Loynaz, entre otras, que le dio la oportunidad a un grupo de jóvenes entre los que se encuentran los antes mencionados de publicar su primera obra. Hoy en día han sido galardonados con el Premio “La Edad de Oro”, “La Rosa Blanca” y hasta el “Casa de las Américas” que recientemente ganó Mildre Hernández con el título El niño congelado. En el caso de Álvarez Lemus es conocido por la grey infantil como un trovador que anima sus peñas de literatura con la poesía y la música, creó un personaje como Michiringolo: un inquieto brujito que a todo el que lo conoce lo ayuda a soñar.  Este año Ediciones Extramuros cumple su cuarenta aniversario y creemos oportuno entrevistar a este autor que fue descubierto por este sello editorial.

¿Cuándo supiste que ibas a ser escritor?

Nunca pensé en ser escritor, todo comenzó como un juego cuando tuve la necesidad de comunicar lo que sentía a través de la palabra escrita, y aunque hasta ese momento no me había pasado por la cabeza algo semejante, lo tomé con naturalidad y sencillez como se deben enfrentar los grandes retos en la vida.

Una tarde mientras compartía una taza de té, me sorprendió la inspiración acompañada por la música de un viejo piano que llega desde un rincón sombrío ubicado en unos de los recintos de nuestra Habana colonial. Aunque eran bastante malos esos primeros intentos de poemas, hubo quien vio en ellos determinado valor y me hizo saber que aquello no tenía ningún valor literario pero (ese milagroso pero que puede marcar la diferencia entre muchas cosas), me dijo: Tú eres un poeta. Ante tal contradicción no pude más que echarme a reír, entonces con esa bondad y paciencia que caracterizan a los grandes maestros se dio a la tarea de sacar con “pinzas” las imágenes y metáforas que, según su criterio, tenían valor literario. Así inició, un arduo y difícil camino, este aprendiz de poeta que soñaba con ser trovador.

¿Quién llegó primero el trovador o el escritor?

Esta respuesta tiene mucho que ver con la primera y ya te darás cuenta. Resulta que mientras estudiaba guitarra clásica en el conservatorio Fernando Carnicer de Mariano —a la tardía edad de 23 años— decidí componer mis primeras canciones, y fue justo en ese momento cuando afloró ese “poeta” que llevaba dentro, pues con esos intentos de canciones es que aparece la crítica que acabo de mencionar en la respuesta anterior. Tuvo que pasar un tiempo para que yo me tomara en serio lo de ser escritor. Para ello lo primero fue buscar una forma viable que me diera la posibilidad de sacarme los demonios que se me arremolinaban adentro y sucedió con la inesperada muerte de mi amigo el poeta, Raúl Doblado, que aparece su libro Casa en el viento. El día que yo terminé de leer aquel cuaderno, en mí se produjo una revolución interna, pues había encontrado la forma para encausar el torrente poético que se me agolpaba en el pecho. Cuando finalmente logré hacerlo, empecé a tomarme muy en serio, los vaticinios de mi amigo.

Lo de escritor vino después. Buscaba un personaje para un poema que me faltaba en mi cuaderno de poesía Carita sucia y decidí escribir sobre un barrendero, por aquello de que: “en lo feo la belleza está llorando”, como bien diría Gabriela Mistral. Entonces comenzó a darme vuelta en la cabeza una idea que fue creciendo y tomando cuerpo hasta convertirse en La noche de los papalotes, mi primera novela y por la que se me confirió el premio “Ismaelillo” de la UNEAC y más tarde el premio “La Rosa Blanca”.

Primer libro.

Mi primer libro es Adivinaja, un cuaderno de adivinanzas, muy curioso lo que sucedió con él. Resulta que yo lo envío al premio Luis Rogelio Nogera, el jurado decide que ninguno de los manuscritos en concurso tenía la calidad requerida y dejan el premio desierto. Desconozco por qué vía, llega una de las copias a las manos de Eliseth Godínez, que en ese momento era la subdirectora de la editorial Extramuros. Ella se enamora del cuaderno y decide publicarlo en el año 1999, con una tirada de 2000 ejemplares. Dos años más tarde lo reimprime, esta vez, en blanco y negro la cubierta y la misma cantidad de ejemplares, el libro se agota rápidamente. Pasaron muchos años hasta que en el 2012 la Editorial Oriente, en su colección “Ala y espuela” lo reedita, esta vez en un formato más grande, en una tirada de 10 mil ejemplares a color, en el año 2013, el Instituto Cubano del Libro (ICL), me otorga un premio por estar entre los10 libros más vendidos del verano. A veces la vida es irónica, ¿tú no crees?

Los premios.

Si me lo permites quisiera comenzar a responder esta pregunta haciendo una aclaración: no escribo ni trabajo para los premios, cuando tengo un libro terminado y se da la oportunidad de mandarlo a concurso,  porque se ajuste a lo que piden en las bases, lo envío, pero no es una prioridad en mí, prefiero hacer la obra primero sin ataduras y después, encaminarla.

Volviendo a la pregunta, mi primer reconocimiento lo recibo en el año 1995, fue el premio “La Edad de Oro” con Sapo zapatero, en el género de canción para niños, más tarde, en el año 2014 vuelvo a recibir este mismo premio en la categoría de álbum ilustrado con el libro Pito-Pito. También el año 99, recibo mi primer reconocimiento literario con el premio “Pinos Nuevos”, es curioso porque ese año dejaron de financiar dicho proyecto y los ganadores del concurso terminamos incluidos en un mismo cuaderno que se llama Selección de poemas y cuentos infantiles. En el año 2002, gané el premio “Ismaelillo” de la UNEAC, con La noche de los papalotes y en el 2004, el premio “La Rosa Blanca”, con el mismo título. En el 2008 la UNEAC de Sancti Spíritus me otorga el premio “Romance de la niña mala”. En 2010 la editorial Gente Nueva me entrega la distinción “Reconocimiento a la humildad Dora Alonso”. Por mi labor comunitaria y mi colaboración con el Centro Provincial del Libro y la Literatura; en el 2011, se me entrega el “Premio de Cultura Comunitaria Gitana Tropical”. Y en el año 2013 recibo el premio del ICL por Adivinajas, por estar entre los 10 libros más vendidos de ese verano.

¿Cuál de tus personajes Michiringolo, La maga Lolita, entre otros, es tu preferido?

Esta es una pregunta difícil de responder, porque los personajes que uno crea, casi siempre tienen un poquito de si, de lo bueno y también, porque no, de lo malo. Pero para serte sincero con el que más me identifican los lectores (pequeños y grandes) es con Michiringolo, brujito que no quiere dejar de ser niño, además no tiene la maldad de los viejos brujos, quizás por eso más que brujo, se me antoja como una criatura  edificante, es decir, a ratos lo veo, duende travieso.

Quizás te preguntarás por qué entre tantos personajes carismáticos, vivarachos, irreverentes… tan cercanos a la realidad, como: Lolita la maga; Yeni; la abuela Hortensia o Aparecido… por solo citar algunos, yo prefiero a Michiringolo. La respuesta es sencilla, lo veo más pegado a mí, por su ingenuidad, por su filosofía de la vida, o por el querer ayudar a otros a alcanzar sueños aunque a veces parezcan imposibles, como es el de volar. Por eso y por todas las alegrías que me ha dado es que lo prefiero.

Este año sale por la editorial Pueblo y Educación la tercera edición de Michiringolo, las anteriores fueron por la editorial Extramuros, 2004 y por la Editorial Oriente, 2010. Además te voy a decir algo y espero que sepas guardarme el secreto: Desde la primera edición del libro, yo dejé de llamarme por mi nombre, para convertirme (felizmente) en Reynaldo el de Michiringolo, y también en Michiringolo, como me nombran algunos de los más allegados y también los niños… algo que agradezco infinitamente, pues no hay goce mayor para un autor que lo identifiquen con su obra. Por todo eso, es que siempre estaré en deuda con Michiringolo y con sus lectores.

Te gusta ilustrar tus libros.

Dibujar era de lo que más me gustaba hacer de niño, tal es así que cuando me piden que ilustre Adivinaja no lo pensé dos veces, y con la ingenuidad y desenfado de cualquier pequeño tomé mis pinceles, lápices de colores, crayolas y puse mano a la obra. Así quedó ilustrando mi primer libro. Por supuesto que para ese entonces no conocía a Raúl Martínez ni a otros grandes ilustradores, pues quizás no me hubiese atrevido, pero como yo soy, definitivamente, una criatura atrevida y obstinada, te cuento que estoy pensando muy seriamente arriesgarme e ilustrar un libro que todavía, una buena parte, aguarda en el tintero.

Todo se debe a que en mí, existe un pintor frustrado, y es una forma de ponerlo a flote de cuando en cuando. Pero admiro y respeto mucho a los plásticos, porque pueden sacar esas maravillas que llevan ocultas, y exhibirlas.

¿Te gustaría ver alguno de tus cuentos en una serie televisiva?

Antes de responder, te contaré una anécdota. Resulta que hace un tiempo me llaman del ICRT y me piden los derechos de autor de El ladrón del paisaje. Este cuento había aparecido años antes en una selección de cuentos policíacos, y fue justamente el que me inspiró para escribir el libro de Lolita la maga. Pasado unos días vinieron, firmé el contrato para el pago de derecho de autor y, hasta el sol de hoy, no he vuelto a tener noticias de estas personas, nunca supe si finalmente hicieron o no, el corto que iban a realizar a partir del cuento…

Pero respondiendo a tu pregunta. Sí, me gustaría mucho ver puesta mi obra en la pantalla, más que todo, por el alcance insospechable, la haría llegar a mayor cantidad de persona. No se puede negar la importancia de estos medios de comunicación, cine, televisión…, además que muchos lo prefieren, en particular los niños y jóvenes.

Tus poemas para adultos ¿por qué no lo sacas a la luz?

Yo me inicie en la literatura escribiendo poesía para adulto. Con el tiempo comenzó la necesidad de escribir también para niños y jóvenes, y poco a poco, esta última me fue absorbiendo, al punto que dejé de escribir para adulto. Pero ya había cantidad suficiente de poemas como para armar un cuaderno y lo hice, se llamaba El exilio de las flores o morir de una pedrada, pero siempre que intentaba enmendarlo un poco, se me ocurría otra idea para trabajar un nuevo libro para niños, y lo volvía a posponer. Con el tiempo se fue quedando, quedando y, justamente hace unos años, con los trajines de la permuta, se traspapeló y no he vuelto a encontrarlo, no sé cómo, pero lo perdí. Solo quedan algunos poemas atrapados en mi memoria como testigo de aquel tiempo.

¿Qué no le puede faltar a un escritor para niño?

En mi opinión, lo que nunca debe faltarle a un autor de literatura para niños, además de talento y sensibilidad, es el respeto por sus lectores. Importante es saber por qué y para quiénes escribimos. En los últimos tiempos hay una marcada tendencia a polemizar sobre temas complejos, es una moda, solo que a veces dejan fuera al lector al que va dirigida la obra, el niño. Lo veo como una complacencia entre un círculo de autores-lectores para congraciarse pero, que en la mayoría de los casos, no poseen las herramientas, la madurez, ni la sensibilidad necesaria para enfrentar semejante encomienda. Hay una máxima que no debemos olvidar: “Escribir para niños es lo mismo que para adultos, solo que hay que hacerlo mejor”.

Soy del criterio que pueden abordarse todos los temas por escabrosos que sean, el problema radica en saber llegar al lector sin caer en falacias, amaneramientos, facilismos, ni estereotipos de tendencias actuales. Convoco a mis colegas a que cuando quieran abordar temas difíciles piensen primero en cómo hacerlo, y lo fundamental, por favor, nunca dejen fuera al niño, ellos son nuestra razón de ser. ¡Ah!, olvidaba algo importante: no riñan con la fantasía, si de algo están necesitados nuestros niños, adolescentes y jóvenes es de sueños que los pongan a volar, ya que viven una realidad que poco tiene que ver con los cuentos de hadas. Quizás por eso, más tarde, algunos se dejen llevar por falsos cantos de sirenas que le endulzan el oído, y le corroen el alma.


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