Carlos Manuel de Céspedes, las letras, la poesía…


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Se conmemoran ahora 150 años de la heroica muerte de Carlos Manuel de Céspedes en San Lorenzo, Sierra Maestra, solo frente al enemigo, el 27 de febrero de 1874.

Muy conocido es el perfil patriótico de Céspedes, no tanto el intelectual, pues el primero arrolla al segundo. Pero Céspedes fue un hombre de cultura profunda, que abarcó desde el ejercicio de la poesía hasta el disfrute del ajedrez. Y sobre ello comentaremos.

Bayamés, los estudios iniciales en su patria chica se continuaron en el habanero Seminario de San Carlos. Después se graduó de bachiller en Derecho y por último de Licenciado en Leyes, título este último conseguido en España. Viajó además por Francia, Bélgica, Inglaterra, Suiza, Alemania, Italia, Grecia, Turquía, Palestina y Egipto; recorrido ciertamente grande el que hizo entonces.

A los 25 años (en 1844) estaba de vuelta en Cuba, se estableció en Bayamo y ejerció de abogado. Mientras, leía, escribía, ocupaba cargos públicos, colaboraba en publicaciones. También conspiraba, se ganó una, dos, tres veces períodos de reclusión. Aún así el objetivo de hacer de Cuba una república independiente le seguía desbordando el pecho. Ya sabemos que el 10 de octubre de 1868 se levantó en armas, aunque esa es historia que no cabe en pocas líneas.

Céspedes el poeta, el escritor, el traductor, tampoco es desdeñable. «Al Cauto», un soneto sencillo y atrayente es prueba de que las Musas no le fueron esquivas:

Naces, ¡oh Cauto! en empinadas lomas;
Bello desciendes por el valle ufano;
Saltas y bulles juguetón, lozano,
Peinando lirios y regando aromas.
Luego el arranque fervoroso domas,
Y hondo, lento, callado, por el llano
Te vas a sumergir en el Océano;
Tu nombre pierdes y sus aguas tomas.
Así es el hombre. Entre caricias nace;
Risueño, el mundo al goce le convida;
Todo es amor, y movimiento y vida.
Mas el tiempo sus ímpetus deshace
Y grave, serio, silencioso, umbrío,
Baja y se esconde en el sepulcro frío.

Escribió otros cantos a la Naturaleza, al amor, un Himno republicano de intenso aliento patriótico, un drama titulado El conde de Montgomery, de sus viajes dejó apuntes que se han publicado fragmentariamente. Su prosa revela el vigor y el colorido que caracterizaron su personalidad. Dejó un epistolario abundante en que se incluyen cartas a la esposa, Ana de Quesada, y documentos oficiales.

El Padre de la Patria, el primer presidente de la República en Armas, el fundador en la manigua del periódico El Cubano Libre, fue un distinguido hombre de letras. No lo olvidemos pues, dentro del espectro tan vasto de su quehacer en la historia de Cuba.

 

 


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