Cromitos soneros III: ¿Quién trajo el son a La Habana?


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Cromitos soneros II: Rajando la leña está(n)

Cromitos soneros I: ¿Cuál fue (el) primero?

Recoge la historia que la llegada del son a la ciudad de La Habana ocurre en fecha tan lejana como el año 1899 y que involucra a los soldados del Ejército Libertador que hubieron de llegar a esta ciudad y algunos de ellos decidieron quedarse a vivir en esta urbe. Se cuenta que fue la menos golpeada por el horrible proceso de “Reconcentración” decretado por las autoridades españolas en los años finales de la guerra, para restar apoyo logístico a las tropas mambisas.

Lo cierto es que para comienzos de los años 1905 se comienza a escuchar el nombre de Nené Manfugás como el del primer tresero conocido que deambula por las calles y sitios donde se produjera música en la ciudad.

Y es justo que, tras leer una y otra vez las fuentes referenciales existentes, surjan las dudas sobre esta aseveración. Entonces se hace necesario deslindar la leyenda de ciertos hechos históricos que rodean este proceso de “habanización” del son oriental.

No existen dudas de que entre los soldados y oficiales del Ejército Libertador hubiera hombres que ejecutaran el tres, la botija y la guitarra. Tampoco se puede dudar de que algunos de estos hombres “contaran las hazañas de sus jefes o aquellas en que estuvieran involucrados” y en ese contar desde la música se debe tener presente la existencia de “un son mambí” que se transmitiera –vía oral— entre las diversas tropas de esa fuerza liberadora.

También hay que considerar que el grueso de los soldados que acompañaron a Antonio Maceo en su “invasión de Oriente a Occidente” provenía de la zona oriental del país; que a esa tropa se fueran sumando “elementos” de las comarcas o departamentos que fueron cruzando en su avance y que estos elementos aportaran ciertos matices sonoros, tímbricos e instrumentales a esas noches de ocio entre una batalla y otra, o entre una marcha y otra.

También se debe considerar que una vez cumplida la misión de llevar la guerra hasta el Occidente de la Isla, algunos de esos soldados decidieran establecerse en el occidente y que se hicieran acompañar de su instrumento base: es decir el tres, la guitarra, la botija o la marímbula –aunque este instrumento pueda resultar “una impedimenta” en aquel proceso de marcha forzada de una fuerza militar, pero no es descartable—. Ese exsoldado debió establecerse en las zonas rurales o en la periferia que rodeaban las ciudades del occidente, es decir, se ruraliza; y en este proceso de adaptarse a su nuevo entorno social, el instrumento es el único vínculo que lo puede hacer destacado entre sus semejantes.

Entonces se impone una pregunta: se conoció el tres y pudo haber treseros deambulando por La Habana años antes de la fecha tomada como referencia. Me atrevo a afirmar que sí y que comenzaron a integrarse a determinados procesos musicales que se estaban gestando en ese momento en la vida musical de la urbe.

Téngase presente que se trata de hombres negros en lo fundamental. Que una vez establecidos, lo mismo en la periferia que en los nacientes barrios de la ciudad, forman parte del núcleo más pobre de la misma y que como oficios fundamentales tienen los de vendedores de frutas por medio de pregones, maestros de obra y algunos más avezados aprenden oficios “más elegantes” como barberos o sastres. Es el mismo hombre que vive en los llamados solares o accesorias y tiene como vecinos a rumberos, cantantes de coro de clave o músicos que ejecutan instrumentos más sofisticados como el violín.

Entonces podemos atrevernos a hablar de un proceso de “habanización del tres, la botija y hasta de la marímbula” que ocurre –puede ser antes igualmente— paralelo a la llegada del Ejército Libertador a la capital de la Isla y a la aparición de la figura de Nené Manfugás y su inserción en el ambiente musical citadino.

El campo de la especulación histórica nos permite proponer una hipótesis que, aunque alocada, encaja en el reino de lo posible: y si en vez de venir con las tropas Manfugás fuera parte de esa inmigración espontánea que ocurrió años antes o fuera una víctima de la “Reconcentración” que logró llegar a La Habana acompañado de su instrumento y algunos miembros de su familia; que logró “insertarse en el tejido musical de la época” y que comenzara a ganar fama como ejecutante de “la guitarra tipo tres” al integrar aquellos primeros formatos musicales que comenzaron a surgir en el proceso de tránsito social y cultural que define a Cuba entre los siglos XIX y XX y que se presentaban en lugares como la Acera del Louvre, el Café del Oriente y en el Café Vista Alegre o que recorrieran los bares del puerto cantando guarachitas y canciones de moda.

Creo que Nené Manfugás era uno de los tantos treseros que se estableció en la ciudad y que logró asimilar el entorno sonoro que le rodeaba y poco a poco dejó de ser “un tresero de manigua” para definir el sonido urbano de ese instrumento. Y esa capacidad de adaptación lo convirtió en un referente obligado que definió el sonido propio de una época.

Otra de las teorías acerca de la figura de Manfugás lo sitúa en La Habana en fecha posterior a 1906, tras los acontecimientos que implicaron el despliegue del Ejército en lo que la historia recoge como “La guerrita de 1906”.

Sin embargo, las notas de don Odilio Urfé –tuve la suerte de leerlas más de una vez y alguna que otra vez escucharle hablar del tema— colocan a Manfugás y su tres en fecha anterior a 1906 en La Habana; incluso estima que puede existir la posibilidad de que se haya reincorporado a las tropas del Ejército una vez que este llegara a la mencionada ciudad.

Lo cierto es que antes de que termine la primera década del siglo, en La Habana comienza a proliferar el tres como instrumento más allá de los ejecutantes provenientes del oriente y poco a poco es asimilado en el entorno musical que se está desarrollando y que terminaría con el surgimiento de los Sextetos Soneros, fundamentalmente el Habanero, donde comenzará a marcar la pauta de una integración musical entre el oriente y el occidente con su sonido característico, un sonido que se habrá de perfeccionar a lo largo de la década.

 

 


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