De la nota musicológica a la realización audiovisual


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Fotos: Cortesía de la entrevistada.

Junto al Premio Cubadisco en el apartado notas musicológicas con el fonograma De regreso a la aldea de Ernesto Oliva, la musicóloga Carmen Souto Anido celebra la nominación del audiovisual De prohibida a cátedra. La enseñanza de la música popular en la Escuela Nacional de Arte (ENA): dos retos que afirman su tránsito desde lo académico a la creación documental: dos universos creativos que definen la excelencia profesional de esta joven que ha apostado por potenciar zonas a veces silenciadas o poco difundidas del arsenal musical cubano.

Con Carmen Souto dialogamos desde el Portal Cubarte:

¿Bajo qué criterio entender y hacer entender a los escuchas Regreso a la aldea?

Regreso a la aldea es una continuación de un trabajo anterior, Mi aldea (Egrem, 2020), de Ernesto Oliva, un franco homenaje a Guantánamo, su tierra natal, que tomó su origen en el poema homónimo de Regino Eladio Boti, y en el cual transforma música compuesta originariamente para piano hacia el formato de cuarteto. En un sentido de continuación, en este nuevo fonograma Ernesto suma una nueva laminación, al ampliar su búsqueda sonora al formato de orquesta de cámara con las interpretaciones de Zenaida Romeu junto a su Camerata, que se suman al cuarteto integrado por Olivia Rodríguez Caballero (contrabajo), Jesús Estrada (percusión) y Alejandro Aguiar Rodríguez (percusión).

En ese sentido de continuidad es que se comprende la selección del repertorio, el diseño del acople del disco, las distintas dimensiones que se cristalizan en la construcción dramatúrgica que dibuja la música recogida en el audiovisual, concebido como concierto en vivo en diálogo con testimonios que deja constancia del proceso creativo, de los retos interpretativos y las soluciones comunicacionales, que se fueron sucediendo durante la gestación del fonograma —una especie de making of extendido. Se trata, entonces, de entender este regreso de Ernesto desde dimensiones expresivas explícitas que remiten a referencias concretas en términos de géneros musicales y fórmulas de lenguaje específicas de la región del guaso; pero también desde una dimensión más abstracta, cosmoauditiva, en el que todas estas referencias toman cuerpo en diálogo con procesos compositivos más experimentales, que las llevan a una nueva dimensión.

¿Cuál es el sello para que una nota musicológica pueda llegar al gran público?

La nota musicológica ofrece un punto de vista analítico, sugiere formas de escucha desde distintos niveles de lectura. Creo que la clave está en encontrar el equilibrio entre el lenguaje analítico que es natural de este tipo de texto y el uso de elementos que interpelen la imaginación de quien escucha. No se puede perder de vista que se trata de una carta de presentación para el fonograma, una invitación para la escucha.

En mi caso siempre intento encontrar imágenes que se acerquen a la poética creativa del artista para acercarlo al oyente potencial. En el caso del disco de Ernesto, esa imagen se centró en dos aspectos: el principio filosófico de regreso y la noción de aldea, entendiendo esta última más allá del lugar físico, sino como espacio íntimo, personal, de libertad creativa sin límites, en el que solo encuentra potencialidades. Ese lugar al que se vuelve cada vez para encontrarse con uno mismo.

Además, obtuviste una nominación con un audiovisual muy particular. Coméntanos de la experiencia  y qué desafíos entrañó.

Este año tuve la dicha de presentar a Cubadisco De prohibida a cátedra. La enseñanza de la música popular en la Escuela Nacional de Arte (ENA), audiovisual que dirigí junto a Maritza Ceballo, bajo la producción de Siguaraya Producciones y el Ministerio de Cultura.

Es la segunda entrega de un proyecto mayor que incluye dos videoclips presentados en el 2024, en los que se interpreta música creada dentro de la Escuela Nacional de Arte por los estudiantes de la Cátedra Moisés Simons, así como la realización de un documental que pone en valor el único registro fonográfico de la Charanga de la ENA, fundada en 1968 por Adalberto Álvarez, y agrupó a grandes figuras de la música cubana en su etapa de estudiantes.

De prohibida a cátedra… es una serie concebida desde el lenguaje visual de las redes sociales y organizada en cinco cuadros que se proponen un recorrido testimonial de varias generaciones sobre su experiencia educativa en la Escuela Nacional de Arte. Músicos que, sin contar con un programa de formación, encontraron en los pasillos de esa institución un laboratorio de creación que les permitió experimentar y crecer. La serie enfatiza en el espacio que ocupó, para los entrevistados, el interés por la formación —o autoformación— en la música popular durante sus años en esta escuela, que transitó desde un imaginario de prohibición para la interpretación de música popular dentro de la institución, pasando por la formación reconocida, si bien autodidacta y acompañada de prejuicios, que condujo a la concepción de los Talleres de Música Popular dentro del programa de estudios y, como colofón, a la fundación de la Cátedra de Música Popular Moisés Simons en el año 2020.

Los testimonios recogidos ahondan en fórmulas de aprendizaje y existencia, estrategias de búsqueda de información, el papel de la oralidad en la transmisión del conocimiento autóctono, la importancia que otorgan a la sólida formación musical recibida y la contradicción de aprender empíricamente los géneros de la música popular cubana entre los muros de la academia, a través de métodos de estudio alternativos —individuales y colectivos— para apropiarse de sus códigos y estilos… son estos algunos de los tópicos más recurrentes de este diálogo compartido que aborda puntos de vista comunes y divergentes.

El material compila, además, imágenes que viven en la memoria de músicos que hoy son pilares de la música cubana, así como materiales fotográficos y audiovisuales que se comparten desde la nostalgia, quedando disponibles y a la vez diseminados —y casi ocultos— en el entramado de las redes sociales. De esta manera, la serie ofrece una pequeña muestra, si bien representativa, de vívidas experiencias con el interés de que tenga el mayor alcance posible. Es, a la vez, un canto a la escuela que formó como músicos y seres humanos a tantos artistas, hoy devenidos en nombres imprescindibles dentro del quehacer musical nacional.

Eres una musicóloga, por tanto, además del área académica te desenvuelves en la producción musical y la realización audiovisual. ¿Cuánto complementa una especialidad a la otra en ti y cuánto completan a la profesional que eres?

Creo que ya no logro concebir una sin la otra. Cada faceta complementa a la otra de manera natural, y aporta un sentido de circularidad a los resultados que quiero mostrar. De alguna manera, cada una de ellas me reta para seguir aprendiendo cada día y me hacen crecer como músico y ser humano.

Un adelanto de próximos proyectos…

Espero en breve podamos terminar el documental que te comentaba, que cierra el proyecto dedicado a la ENA. Este año también debo cerrar la edición de las obras completas de Argeliers León, un proyecto en ocho tomos compilados por la musicóloga Grizel Hernández que saldrán bajo el sello del Museo Nacional de la Música. Además de los compromisos junto al grupo musical del ballet Lizt Alfonso, que este año celebra su 35 aniversario. A ello se suman un par de proyectos fonográficos a realizarse entre este año y el próximo.

 


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