Poco usual resulta conocer a un artista identificado con la percusión popular cubana, que a su vez haya consagrado su vida a la religiosidad católica, y ese es el caso del instrumentista puertorriqueño Jafet Murguía, quien llegó a Guantánamo (Cuba) con la encomienda de accionar como misionero claretiano, dentro de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón.
Este hombre tiene una vida singular marcada por su fe religiosa y la devoción que siente por los instrumentos de percusión (tumbadoras, tambores batá, bongoes y otros).
Durante una visita reciente a la más oriental de las provincias cubanas conocimos de su existencia y logramos una interesante entrevista.
"...voy por el segundo trienio en la misión religiosa que me trajo a Cuba luego de consagrar mi vida a esta orden religiosa. Desde niño soy músico, mi padre fue tamborero y todos los hombres de mi familia paterna; de ellos heredé el amor y la pasión por estos instrumentos y su sonoridad.
En la vida misionera, una de las formas de descubrir a Dios de una manera popular, que responde a la creencia de que Él siempre está en un pueblo y como expresión de su identidad y alma; escogí la cultura para conocer más a los cubanos y en especial a los guantanameros, aprovechando esta herencia de raíz que me identifica para dialogar con el pueblo y de a poco ir echando raíces aquí también. No me ha sido difícil llegar a las personas de esta ciudad, porque entré por la rumba que ya en Puerto Rico se tocaba, y de ahí enseguida fui al changüí y la conga…".
La aceptación que ha recibido desde su llegada a esta región le ha aportado un notable vínculo con los pobladores del lugar donde se siente “hijo adoptivo”, con lo que ha logrado abrirse espacios en la cultura del lugar y llevar su propia misión en el lugar donde fue asignado por la Iglesia.
La manera de proceder tan poco usual de este misionero, en la que confluyen y dialogan la fe cristiana y la percusión afrocubana, ha provocado reacciones encontradas entre los devotos.
“…es un poco complejo, porque desde la visión más conservadora de la Iglesia su estilo de música y de proceder… Y me he dado a la tarea de hacer sentir que no es un lugar donde hay que purificarse para entrar o para pertenecer, sino que es la casa abierta para todos los hijos de Dios, donde todos podemos encontrar espacio.
En esta ciudad he tenido de las dos partes: tengo un apoyo muy grande de quienes están apegados a los géneros tradicionales y de la africanía sobre todo, y por otro lado están los que rechazan esa actitud mía y entendiéndola como “profanación o herejía”. Pero eso no es nada nuevo en la religión que profeso, ya pasó con el propio Jesús en su trato con pecadores, herejes y prostitutas.
Yo lo vivo así y vivo enamorado de la cultura cubana y en especial de la guantanamera…”.

Sus funciones religiosas como “hermano” le permiten adentrarse más en cuestiones cotidianas y en espacios sociales, lo que está en total consonancia con uno de los polares propios de su rango religioso, identificado como la posibilidad de mantener mayor diálogo con los pobladores del lugar, propiciando mayor vínculo entre lo que se vive desde el punto de vista religioso.
“…uno de los aspectos bonitos en los espacios donde estoy trabajando es la posibilidad que brindan para hacer un arte libre, con nivel de profesionalidad y donde los involucrados, mayoritariamente jóvenes, descubran su propio potencial, tengan trabajo que hacer, sueños por cumplir, aunque sean pequeños.
Que desde la materialización de un proyecto sociocultural puedan sentirse útiles y realizados. Eso forma parte del desarrollo humano, a la luz de la doctrina religiosa a la que estoy consagrado, y eso contribuye con que los muchachos involucrados trabajen de una forma constante, disciplinada y enfocada, lo que está muy cerca del cristianismo, porque si no hay una humanidad que tienda a la plenitud espiritualizamos tanto las cosas que alejamos a Dios de nuestra vida humana…” Fue su comentario a la interrogante sobre los aportes, desde sus dos pasiones, a la vida social.
La singular manera de trabajar de Murguía ha acercado a la cultura popular y a las expresiones vinculadas con su fe, ejemplo de ello está en el servicio de acompañamiento que reciben las fiestas patronales de la comunidad El Salvador de parte de la Conga San Joaquín (fundada en honor a los carnavales de Guantánamo), lo que facilita el vínculo con otra realidad y a descubrir la propia identidad de cada comunidad.
“…para mí eso es fundamental, ninguna expresión de fe debe tender a que se nieguen las propias raíces y las propias tradiciones. En el caso de Cuba existen tradiciones que tienen intrínsecas su propia espiritualidad popular y yo abogo por buscar un diálogo de entendimiento entre las expresiones religiosas, porque esa es la realidad de este pueblo, ¿cómo se hace?, no se sabe, no sabemos hasta qué punto podamos ayudar a que se complementen, pero a un contacto de buena fe sí hay que contribuir y eso es lo que intento crear…”.
En 2012 fue enviado a La Habana para continuar sus estudios religiosos, ingresando al Santuario del Corazón de María en el municipio Cerro, donde además comenzó el vínculo con la comunidad apropiándose de muchos de sus saberes, como la ejecución de toques de la religión cubana de matriz africana, en el tambor Batá.
“…allí estudié tambor de fundamento y eso enriqueció mi conocimiento, porque no fue solo hablar de ello desde mi perspectiva religiosa y teológica, sino tocarla y descubrirla. Lo que se conoce, se quiere y se le da el respeto que merece, aunque no necesariamente tienes que practicarlo.
Eso fue un proceso muy bonito, que tuve que interrumpir y que cuando me dieron el primer destino en la misión me enviaron a esta tierra, con lo que estoy muy satisfecho y siempre lo comunico.
Las cosas se ponen difíciles y duras, pero yo vivo feliz, el día que muera sentiré que Dios habitó en mí y que me hizo tocar el pueblo de una forma que nunca imaginé, en un proceso que asumo como una bendición divina que me ha regalado y permitido interactuar con la gente del pueblo, convivir con ellos y compartir su cultura más original, lo que hace que disfrute de esta experiencia…”.
Valorando los posibles puntos de contacto entre la religión que profesa y otras expresiones de fe arraigadas en el pueblo cubano acotó: “…el pueblo creció sincréticamente y desde lo espiritual lo lleva como génesis de su identidad y hay muchos espacios donde la religiosidad de raíz africana está muy presente en comunidades que hemos acompañado en nuestra misión, lo que no ha impedido que se inserten en una comunidad católica.
También quisimos saber si en Puerto Rico se hubiese podido lograr lo que en Cuba, a lo que contestó: “…pienso que no, allí muchos me conocen más como artista que como religioso y siento que me han respetado más como artista, porque estoy aquí y por lo que el pueblo me ha permitido hacer y entremezclarme, lo que ha ayudado al reconocimiento que he alcanzado.
Allá hay muchas vértebras sociales de pueblo que se han perdido, aquí yo voy a pie y consigo encontrar a todos los tocadores de Changüí. Por ejemplo, en mi país para contactar dos músicos de un mismo género tengo que recorrer largas distancias porque no existe la conexión entre la célula de pueblo que tienen aquí, donde hay gremios artísticos, donde todos se conocen aunque sean de manifestaciones diferentes, lo que ha ayudado mucho.
A eso le sumamos la disposición de los artistas, al contrario de allá donde se ha mercantilizado tanto que es muy difícil, si no es en el “lenguaje del mercado” allí no logras mucho y eso difiere mucho de lo que hago, porque trabajo por puro amor, espiritualidad y juego.
Cada salida a escena es un momento de plenitud y felicidad para Jafet Murguía, quien lo valoró en las siguientes palabras: “…el escenario es uno de mis pedacitos de cielo, porque dentro de la religiosidad cristiana pensamos en la vida eterna, pero esa se empieza a vivir desde ya y no hay que esperar a morir para comenzar a vivirla, y el escenario para mí es uno de los lugares donde toco la vida eterna, es decir agarré por adelantado un pedacito de lo que está destinado para mí y lo vivo como una prenda del cielo, me siento libre, me siento vivo…”.
Para finalizar indagamos en la aceptación que ha tenido en la comunidad católica guantanamera, luego de tanta aproximación a las expresiones de la cultura popular cubana.
“…puede ser que haya mucha inconformidad sobre todo en feligreses que tienen una formación de muchos años, quienes no se atrevan a aceptarme abiertamente y se reservan sus criterios, pero me siento muy cercano a la gente de fuera de la comunidad cristiana y pudiera ser que no convenza del todo a la mayoría y pueda resultar escandaloso, pero pienso que es necesario…”.

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