Más que la celebración por los 70 años de creado, la nueva edición de la Jornada Villanueva instauró un conversatorio con la participación de Julio Cordero, Rubén Darío Salazar, Kenia Rodríguez y los Estudios de Animación de Cubavisión, para reflexionar sobre la figura de Pelusín del Monte como ícono cultural y educativo en Cuba, qué representó para los niños de antaño y cómo su esencia y mensajes siguen resonando en la actualidad.
El entrañable personaje que ha marcado a generaciones de cubanos, es hoy un símbolo de identidad y pedagogía de la cultura popular cubana. Considerado uno de los títeres más emblemáticos y queridos de Cuba, fue creado por el renombrado titiritero Harold Pinter, quien llegó a la isla en la década de 1940.
Pelusín forma parte de una importante tradición en el teatro de títeres en Cuba, especialmente para el público infantil. Su diseño, con las raíces en el "callejón" y la cultura popular, lo hizo cercano y familiar para el público de la Isla. Como sinónimo de entretenimiento, diversión y alegría para varias generaciones de niños; sus historias, a menudo llenas de picardía y humor, les proporcionaban momentos de disfrute y risa. Con su apariencia y forma de hablar, Pelusín se convirtió en un amigo entrañable para los niños, un personaje con el que podían identificarse, pues a través de sus aventuras transmite valores positivos, lecciones de vida y enseñanzas morales de forma lúdica y atractiva. En tanto enseña sobre la amistad, la honestidad, el valor de la familia y la importancia de la educación.

Para muchos adultos, Pelusín evoca recuerdos de su infancia, un símbolo de una época y la conexión con sus raíces. Es un estímulo para la imaginación, transportándolos al mundo de fantasía. En un universo saturado de tecnología y medios de comunicación modernos, de ahí que la Jornada Villanueva se pregunte si aún hoy, un títere tradicional puede seguir captando la atención de los niños actuales. ¡Y está bien! Eso significa que por un lado analiza la esencia de los títeres, en particular a Pelusín, con su diversión, el humor, las enseñanzas sobre valores, los niños y el disfrute de historias bien contadas con personajes emblemáticos. Por otro, evalúa el formato tradicional del títere, la necesidad de adaptarse a nuevas realidades, la inquietud de modernizarse y contar nuevas historias más cercanas a nuestro tiempo, además del uso tecnológico en las presentaciones.
En la era de lo digital, el valor de un títere hecho a mano, con la destreza y el arte de un titiritero, cobra una nueva relevancia. Es un recordatorio de la artesanía y el talento humano. Símbolo de resiliencia cultural a pesar de los cambios sociales y tecnológicos. La figura de Pelusín perdura en la memoria colectiva, demostrando la fuerza y la capacidad de un personaje para trascender el tiempo y las modas. Pues este es atemporal, forma parte del imaginario cubano. Su supervivencia nos recuerda la importancia de preservar y celebrar nuestras tradiciones y personajes nacionales. Demuestra que una historia bien contada, un personaje carismático y un mensaje claro pueden trascender el tiempo y los formatos. A 70 años de su creación, Pelusín nos recuerda la importancia de la diversión, los valores y la cultura que nos une.
El títere, más allá de ser una figura para entretener, tiene una profunda simbología en el teatro y, de manera especial, para los niños. Su magia radica en la conexión única que establece como catalizador de significados y emociones. En definitiva, el títere es un puente entre la realidad y la fantasía, un espejo que refleja lo que somos y lo que deseamos ser, y un amigo que nos enseña sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

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