Mantua, c. de Cuba (Pinar del Río), a orillas del Mantua; 26 221 hab. Centro Monumental. // El pequeño Larousse ilustrado, 2011.[1]
Hasta diciembre de 1935 solo se había declarado a Mantua Monumento Nacional en Cuba. // Ludín B. Fonseca García: “Ciudad Monumento Nacional”, 2016.[2]
Una vez abordada la construcción patrimonial de Mantua a partir de la triunfante llegada de la columna invasora el 22 de enero de 1896 y los nexos establecidos por los recién llegados con su geografía, pobladores e instituciones, hasta erigido el Monumento al Soldado Invasor en 1933[3] que consolida su significación espacial, pasaremos aquí al “polémico” asunto de su patrimonialización.
Estaremos transitando pues, de la concepción del patrimonio como construcción social, al margen de un aparato categorial que le defina y caracterice, a un sistema institucional que garantice su gestión. Los conceptos Monumento y Monumento Nacional dialogan ahora como instrumento de catalogación y estrategia de protección y/o salvaguarda; en un proceso de continua reconceptualización si se trata de examinar los aportes de un fenómeno cultural con génesis en el contexto del último lustro del siglo XIX y primer cuarto del XX, al escenario de los años 30. Solo a partir de ello estaremos en condición de entender el presente.
Función social y autenticidad del patrimonio son, entre otros, temas cuya complejidad se manifiesta en los horizontes culturales que acompañan tanto a los protagonistas de su creación (la comunidad y el escenario que le dio origen), como al ejército de técnicos y profesionales de diferentes disciplinas y saberes que se encargan hoy de su protección y salvaguarda. Ambos, en expresión de su tiempo histórico, pero en un sendero único: el de perpetuar aquello que han considerado expresión identitaria de una comunidad, una región y una nación.
Enunciar el tema con la interrogante “Mantua. ¿Primera declarada Monumento Nacional en Cuba?”, y presumir responderla en base a la presentación que de esa ciudad hace Larousse, con el apoyo de resultados investigativos realizados en torno a la ciudad de Bayamo por su Historiador, Ludín Fonseca García, pretende invitar a un espacio de reflexión que desborda la condición patrimonial de Mantua, para abogar por la puesta en marcha de una teoría crítica que a pasos de gigante se nos presenta cada vez más distante y, en consecuencia, inatrapable. Como primer peldaño para ello, la tesis de Pedro Paz Arellano, coordinador Nacional de Monumentos de México:
Admitamos por el momento que estar en el terreno de los hechos permite la percepción del pasado contenido en lugares y edificios históricos, a partir de signos, textos y discursos; unos dispuestos en el sitio, otros evocados por la memoria propia y unos más producidos por los propósitos de cada uno. Estar ahí permite articular el significante espacial con el significado histórico de los acontecimientos. A esta experiencia la llamaremos en adelante significación espacial, en tanto relación interna del signo arquitectónico que une al significante material con el significado histórico.[4]
Recurre Paz Arellano al lingüista y filósofo suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913), quien propuso la semiología como la ciencia que estudia “la vida de los signos en el seno de la vida social o dentro de la sociedad”:
Para Ferdinand Saussure, la significación es una relación interna del signo, que une al significante con el significado; es una relación de presuposición recíproca y de interdependencia que hace imposible concebir aisladamente a cada uno de los componentes del signo; sólo hay significante si hay significado y, a la inversa, no se puede hablar de un significado cuando no hay un significante.[5]
Nos coloca Paz Arellano en las coordenadas de la antropología interpretativa de Clifford Geertz aplicada a la comprensión del conjunto urbano/arquitectónico de Mantua, perspectiva seguida en “Mantua (I). La construcción de un patrimonio cultural” al tomar por centro de atención toda representación de esta ciudad y su análisis como texto cultural, donde lo esencial es la significación cultural o simbólica que podemos descifrar en ellas.
Desde tales horizontes, ¿qué trascendencia otorgar a la definición de Mantua como “Centro Monumental” ofrecida en el enciclopédico Larousse? El propio texto indica: “Monumental adj. Relativo al monumento”;[6] ¿se refiere al Monumento al Soldado Invasor como centro de atención visual y/o social de la ciudad? En relación con “Monumento s. m (lat. monumentum)”, entre las acepciones que propone resultan interesantes a nuestro objetivo los siguientes: no. 1. “Obra arquitectónica o escultórica en homenaje a una persona o hecho”, en este caso al ejército mambí, representado genéricamente por la potente carga al machete de uno de sus soldados.

No. 2. “Construcción arquitectónica notable por su belleza o antigüedad”; admisible solo si distingue el observador la belleza del Soldado Invasor al margen de los cánones estilísticos que imperan en la escultórica que invade espacios públicos en Cuba a principios de siglo XX, en ocasiones no por falta de ética creativa en sus autores, sino por el patrón estético formal que domina entre los miembros del jurado y comitentes, como el caso del conjunto escultórico erigido al General Antonio Maceo y Grajales por el escultor italiano Domenico Boni, develado el 20 de mayo de 1916 por el presidente de la República, Mario García Menocal.[7]

No. 4. “Objeto, documento u obra científica, artística o literaria digna de perdurar por su utilidad, importancia o mérito excepcional”. ¿Se refiere Larousse a su valoración como obra documento?, ¿cómo discurso cuya narrativa informa acerca de la Guerra de Independencia en Cuba entre 1895-1898?
Para dar por cerrado el tema de Mantua como Centro Monumental, dentro de “Monumento”, ofrece el enciclopédico diccionario una categoría de añejo sabor: “Monumento histórico-artístico”, la que define del siguiente modo: “Calificación oficial que se da en España a determinadas obras de arquitectura”; ¿acaso aquellas que ingresan a un registro de “bienes patrimoniales? ¿Qué entender por “oficial”? En su primera acepción: “1. Oficial adj. (lat. officialis). Que procede del gobierno o de la autoridad competente”.[8] ¿Solo el gobierno, o en su representación una institución competente, tiene la potestad para registrar un bien cultural como monumento histórico-artístico? Semiológicamente, ¿qué sentido adquiere dicha categoría “en el seno de la vida social o dentro de la sociedad” según Saussure?
Tanto por morfología o significación, los miembros de toda comunidad, al margen de aparato categorial alguno, reconocen en su entorno un sistema de bienes culturales asociados al concepto de monumento y patrimonio cultural. Tarjas y bustos, entre otras topologías, están entre ellos desde el sentido común.
Continuando la “curiosidad epistemológica” indicada por Paulo Freire,[9] ¿informa Larousse acerca de la categoría Monumento Nacional? De forma implícita, al abordar “Patrimonio”, alude a: Patrimonio del estado, Patrimonio histórico- artístico y Patrimonio nacional. De ellos se vincula a nuestro tema solo el segundo de ellos, que, a diferencia de la relación establecida entre Monumento y gobierno, se ha de asumir en el contexto patrimonial como el “Conjunto de bienes inmuebles y muebles que por su valor histórico, artístico o cultural están sujetos a un régimen especial”,[10] tesis que dista de la perspectiva del patrimonio como construcción social, en tanto toma en cuenta el valor per se en los bienes culturales, como si el patrimonio fuese una cosa o un lugar, y no “una representación o un proceso cultural interesado en negociar, crear y recrear recuerdos, valores y significados culturales”, como indica desde la teoría crítica contemporánea la antropóloga Laurajane Smith.[11]
Una herramienta en las técnicas de la información cuyos resultados pueden sorprendernos en el buscador de Google. Para este trabajo revela, en relación con "Monumento al Soldado Invasor", una representación inscrita el 23 de abril de 1933, cinco meses antes de ser inaugurada en la localidad la escultórica pieza de Juan José Sicre, el 19 de septiembre. Se trata del anuncio de un sello postal por Cuba Collectibles (Coleccionables de Cuba), una tienda online especializada en antigüedades cubanas, cuyo valor filatélico certifica el catálogo Scott con el no. 316. El exponente filatélico merece particular atención aquí por implicar cuatro de los cinco elementos a tener en cuenta para entender la construcción y deconstrucción de sentidos en el patrimonio: 1) su construcción social y su condición cultural, 2) su condición de referencia vital y cotidiana para la identidad de nuestros pueblos y comunidades, 3) de testimonio de la cultura de un pueblo, de su memoria, de los silencios y 4) su relación con el poder político, de gobierno y de los medios de comunicación masiva, para su reconocimiento, valorización y defensa a partir de políticas públicas.[12]

Para los dos primeros elementos, construcción social y condición cultural, y referencia vital y cotidiana para la identidad, se ha de tener en cuenta que Coleccionables de Cuba emerge de la necesidad de Gerardo Chávez García, natural de San Antonio de los Baños, de acompañarse de recuerdos de Cuba en el exilio, “un proyecto apasionante, arraigado en la historia familiar”, al decir de su hijo mayor, quien añade: “con el tiempo, su colección personal de objetos antiguos de los siglos XIX y XX se convirtió en un tesoro de recuerdos cubanos únicos”. El propio Chávez comenta:
A través de los años, más que coleccionando, yo iba guardando todo lo cubano que veía y podía adquirir. En 1999 tenía un grupo duplicado de tarjetas postales, revistas, billetes de banco y algunas monedas. Pensé que sería una buena idea venderlas, si podía. Con el dinero que obtuviese podía comprar otras cosas cubanas que me interesaban y no tenía. // Por fortuna no todo lo que vendemos es memorabilia,[13] sino también artículos clásicos de colección (exclusivamente cubanos), como filatelia y numismática, y son esas dos categorías las que producen los fondos para mantener abierto este museo virtual. // No hay mejor regalo que una pieza de historia que evoca recuerdos entrañables. Ya sea para uno mismo o para un ser querido, nuestros exquisitos tesoros cubanos sin duda deleitarán a cualquiera que tenga una conexión con el rico pasado de Cuba.[14]
La valoración de esta colección, tanto las memorabilia como los entendidos “artículos clásicos de colección”, es sustentada por su artífice en el vínculo entre los afectos y su vestigio material, ese signo/significante al que aludía Paz Arellano, solo que, distante del espacio histórico y los elementos naturales y arquitectónicos, contaba Chávez García con sus representaciones en bienes materiales capaces de activar, al margen de experiencias personales, profundos recuerdos y sentimientos. Su “museo virtual” funciona en este sentido como un espacio de significaciones donde la Isla de Cuba resulta el signo detonante para su consumo, aval de “su condición de referencia vital y cotidiana para la identidad” no solo del emigrado, sino también de sus descendientes. Así, el patrimonio construido deviene una especie de personal inventario memorístico que no solo encuentra receptores en una comunidad de individuos distantes de su patria, sino también en aquellos interesados en aproximarse a la historia de la nación desde bienes muebles.
En post de ubicar el sello en el contexto filatélico se accede al catálogo “Cuba. Sellos Postales (1899-2022)”, donde se registra con el tema: “Guerra de Independencia”. Confirma el mismo su emisión en abril de 1933, con Marca de agua: 3, Perforación: 12½, en una serie integrada por sellos de 3, 5, 10, 13 y 20 centavos,[15] a la que la Revista Filatélica de Cuba, órgano “oficial de la Sociedad Filatélica Latino-Americana, La Habana”[16] de 1935, dedica un espacio bajo el título “Las últimas ediciones de Cuba”, a fin de que su variedad pueda ser tenida en cuenta por los editores de catálogos, “particularmente a las casas Yvert y Scott”, en próximas ediciones. He aquí la descripción que ofrece:
Serie conmemorativa de la Invasión // La gloriosa jornada de nuestra guerra emancipadora, conocida por “La Invasión” fue debidamente conmemorada por el tirano Machado en las postrimerías de su gobierno, erigiendo en el pueblo de Mantua, lugar este donde terminó felizmente la Invasión, un monumento a la memoria del heroico soldado invasor. // Coincidiendo con la inauguración de dicho monumento, y para dar mayor realce a este homenaje, fue emitida una serie de sellos conmemorativos, los cuales son conocidos por “sellos de la Invasión”. // Consta dicha emisión de cinco valores, cuya distribución es la siguiente: de 3 cts., color sepia, “Los Mangos de Baraguá” // de 5 cts., color azul, “Combate de Mal Tiempo” // de 10 cts., color verde, “Combate de Coliseo” // de 13 cts., color rojo, “Antonio Maceo, Máximo Gómez y J. B. Zayas” // de 20 cts., color negro, “Monumento al Soldado Invasor”.[17]

Para una mayor comprensión de la significación simbólica otorgada a cada uno por su color, téngase como referencia Numismática y Filatelia Monge: Dorado (en detalles), prestigio, valor, celebración; Azul, estabilidad, confianza, institucionalidad; Verde, esperanza, territorio, naturaleza; Rojo, poder, revolución, energía y autoridad; y Negro, luto, solemnidad, momentos históricos. En relación con los vínculos entre poder político y filatelia indica:
Los sellos postales han sido, durante décadas, uno de los medios de comunicación visual más potentes de los estados. // Muchos gobiernos utilizan los sellos para: reforzar la identidad nacional, legitimar un nuevo régimen político, difundir logros científicos, culturales y militares, transmitir estabilidad, progreso o autoridad. // Un sello circulaba por miles de hogares y cruzaba fronteras. Era una forma discreta pero eficaz de difundir un mensaje oficial. // Cada sello y cada moneda son un pequeño documento histórico. Reflejan cambios sociales, ideologías, avances técnicos, momentos de crisis o celebración; por eso el coleccionismo es también una forma de conservar la memoria colectiva. [18]
De modo que la representación del patrimonio cultural en la filatelia, en particular el entendido entonces como patrimonio histórico, constituía, y constituye, un espacio de declaración política e ideológica del gobierno, un medio de comunicación que otorga reconocimiento, valorización y, por consiguiente, legitimidad (oficialidad) no solo en el territorio nacional, sino también internacional. Mas, ¿sobre qué fundamentos atribuir “al tirano Gerardo Machado”, “en las postrimerías de su gobierno”, la autoría del “monumento a la memoria del heroico soldado invasor”? ¿Fue emitida la serie conocida como “sellos de la Invasión”, con el objetivo de dar mayor realce a la inauguración del Monumento? La historiografía destaca en la gestión presidencial de Machado, el Capitolio de La Habana, la Escalinata de la Universidad, el Parque de la Fraternidad, el Hotel Nacional de Cuba, el Edificio Bacardí, el Hotel Presidente, obras paradigmáticas para el Patrimonio Cultural de la Nación realizadas entre 1925 y 1929 tras el sueño de hacer de su país “la Suiza de América”, todas vigentes en el registro de bienes patrimoniales a los que, las nuevas generaciones, han resignificado.
Desconoce el autor de “Las últimas ediciones de Cuba” que la iniciativa de erigir un Monumento al Soldado Invasor en Mantua emerge en 1929 a propuesta de León Brunet Ramírez, “redactor del periódico El Triunfo y Vicesecretario de la Asociación de la Prensa en Cuba”, proyecto que en acta levantada por el notario Miguel Ángel Díaz el 20 de julio de ese año, evidencia la organización de un Comité Gestor Nacional en dos niveles: ejecutivo y honorífico.
El ejecutivo quedaba bajo la coordinación del coronel Carlos Machado y Morales, invasor a las órdenes de Juan Bruno Zayas y director del Heraldo de Cuba, avales que lo vinculan de forma directa tanto al acontecimiento histórico como a los promotores de la obra, en tanto Heraldo de Cuba, es uno de los espacios más significativos de la prensa en la Isla. A sus órdenes, Rafael María Angulo, Carlos González Clavel, León Brunet Ramírez y Diego Franchi, en los cargos de presidente, vicepresidente, secretario y tesorero, respectivamente; todos directivos de la Asociación de la Prensa en Cuba, a los que acompañan personalidades de probados vínculos éticos como Alberto Barreras, vicepresidente del Senado; Manuel Ruiz, arzobispo de La Habana; y Antonio Iraizoz y del Villar, escritor y embajador en Portugal, entre otros. Como vocales, en primer lugar, los directores de todos los periódicos de la nación, distinguiendo entre ellos figuras cuya sólida obra les distinguía, como Saturnino Escoto Carrión, director de La Voz de la Razón, de probado patriotismo en la lucha por la independencia, y Emeterio Santovenia, miembro de la Academia de la Historia.
Entre los honoríficos, en la categoría presidentes de honor, Gerardo Lorenzo Machado Morales, por la República; Pedro Betancourt, expresidente del Consejo Nacional de Veteranos; Mario García Menocal y Alfredo Zayas, expresidentes de la Isla; Clemente Vázquez Bello, presidente del Senado, y los gobernadores de las seis provincias cubanas. En la de Miembros de honor: el presidente de la Asociación de Reporteros de La Habana, los presidentes de las restantes asociaciones periodísticas nacionales y el Dr. Miguel Mariano Gómez Arias, alcalde de La Habana.
Es tradicional en la construcción de obras públicas, y en particular en el caso de las conmemorativas, nombrar al gobernador como presidente de honor e invitarle a presidir el acto de inauguración, pero el lugar otorgado a Machado en la gestión para la construcción del monumento no le concede el derecho de autoría, amén de que, en representación de la República la enaltezca.
En los catálogos filatélicos la serie se registra del siguiente modo: “1933. XXXV Aniversario de la Guerra de Independencia”, lo que indica que se ha tomado como referencia el año 1898, cese del dominio colonial español y, en correspondencia a ello han de ser entendidos los pasajes iconográficamente representados en los cinco sellos que la integran. Obsérvese que el escenario de la Protesta de Baraguá y punto de partida de la Invasión de Oriente a Occidente, se representa con los árboles que dan nombre al lugar, a diferencia del término de la misma, Mantua, que pasa a ser simbolizado con el monumento recién construido. ¿No contaba Mangos de Baraguá con una construcción conmemorativa? ¿Resultaba suficiente nombrar su arbolada y el lugar para identificar el sitio histórico? ¿Y las Batallas de Mal tiempo y Coliseo?
En el caso de Los Mangos de Baraguá, Juan Hernández Machado, Premio Nacional de Filatelia 2012, indica que el sello “muestra el lugar donde se realizó dicho acto viril”.[19] En 1902 Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República, colocó en el lugar una tarja conmemorativa para perpetuar el Pacto del Zanjón, y con posterioridad, entre 1928 y 1930, por idea del coronel José González Valdés, participante en la entrevista sostenida por Antonio Maceo y Arsenio Martínez Campos, siendo Jefe del Distrito Oriental, se erige un obelisco, obra que en la edición del 22 de octubre de 1929 del Diario de Cuba, anuncia en los siguientes términos: "Actualmente estoy en los preparativos para levantar allí un monumento que haga perdurable el recuerdo de ese histórico lugar, donde el General Antonio Maceo Grajales protestó el Pacto del Zanjón y, punto de partida de la gloriosa Invasión a Occidente”.[20]
Las representaciones de las batallas de Mal Tiempo (15-12-1895, Cruces, Cienfuegos) y Coliseo (23-12-1895, Coliseo, Matanzas), consideradas entre las acciones de mayor significación militar, serán interpretadas filatélicamente a partir de las crónicas de sus oficiales, al margen del monumento de la autoría del escultor catalán Gerardo Huquet inaugurado en Cruces el 19 de mayo de 1910, en “conmemoración del XV aniversario de la caída en combate de nuestro Héroe Nacional José Martí”.[21] De la primera contienda describe Eugenio Sánchez Agramonte: "partieron como un rayo 250 jinetes con el machete en alto, las riendas semisueltas, sostenidas por la mano izquierda, que a la vez se agarraba a las crines siguiendo como un torbellino al invicto General Gómez, que clavado y tieso en su montura, más parecía un centauro que un ser humano";[22] de la segunda, apunta la historiografía: "El suceso que allí desató las más encendidas pasiones dentro del alto mando peninsular, prueba la gloria combativa del Ejército Libertador de Cuba bajo el mando de Máximo Gómez y Antonio Maceo y la posibilidad real de su pequeña pero heroica tropa de vencer en la lucha a la fuerza expedicionaria más poderosa desplegada por España en sus dominios coloniales”.[23]
Uno de los elementos que históricamente han acompañado a los bienes muebles en el proceso de patrimonialización es la autenticidad, su excepcionalidad en un sistema de obras homólogas en tipología. En “Mantua (I)…” nos acogimos a la tesis que presentaba el Monumento al Soldado Invasor como el primero en rendir homenaje al ejército mambí que protagonizó la Invasión; el estudio de la legitimidad otorgada por el Estado como principio de patrimonialización conduce a fuentes que no deben pasarse por alto ante una valoración de Mantua como exponente del patrimonio histórico cultural cubano.

Al margen de una monografía en la que se aborde la representación escultórica del Mambí en Cuba se exponen aquí tres ejemplos. Las dos primeras de ellas dan muestra de la existencia de una comunidad interesada en perpetuar la imagen del Ejército Invasor con centro en los veteranos de la Guerra de Independencia en toda la Isla. En Matanzas, a propuesta de Domingo Lecuona y Madan, coronel del Ejército Libertador, se erige el “Monumento al Mambí Desconocido”, obra del italiano Carlos Nicolini que Carlos García Vélez y Augusto Casamayor Guerrero, describen en 1913 con las siguientes frases: “Capitán Libertador en traje de campaña mambí, con el machete en la diestra, defendiendo la bandera que descansa sobre el hombro izquierdo […]. Su indumentaria consiste en guerrera y pantalón, sombrero de guano, botas de montar, carreare con las insignias de Capitán, revólver y machete”.[24]
En Santiago de Cuba, el coronel José González Valdés, jefe del Primer Distrito Militar de Oriente y veterano de la Guerra de Independencia solicita en 1927 una parcela de terreno en la Loma de San Juan, escenario de una importante batalla en el marco de la Guerra Hispano-cubanoamericana cuya intención “no era, tan solo ejecutar un gran parque en aquella meseta, escenario de la lucha de los tres grandes ejércitos, sino perpetuar en monumentos la importante participación de los cubanos en los hechos de 1898”; abogando que, 30 años después, “aún no se había hecho justicia a aquellos cubanos que combatieron y dieron su vida por la libertad de su suelo patrio”.[25]
Entre 1928 y 1929 se inaugura en este lugar el “Monumento al Mambí victorioso”, escultura del norteamericano Joseph Pasquale Pollia con tarjas en alto relieve realizadas por el santiaguero Rodolfo Hernández Giró. González Valdés había comentado en su solicitud el agravio provocado por las obras conmemorativas erigidas a la participación americana en la contienda “por permitirse que los visitantes a ese histórico lugar se marcharan con la creencia de que la leyenda de los combates y toma de San Juan, eran episodios realizados por el ejército norteamericano exclusivamente”. Se refiere el coronel al “Monumento al soldado norteamericano desconocido”, levantado en 1926 por gestión de Louis Culliver, Veterano de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana y senador del Estado de Nueva York, en memoria de los soldados del Regimiento 71 de Voluntarios de Nueva York, obra del referido Joseph Pasquale Pollia, autor de numerosos monumentos y memoriales de guerra entre las que se destacan, en 1925, “Mi amigo”, monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial de Richmond Hill, en Forest Park, Queens, Ciudad de Nueva York.

El tercer ejemplo lo constituye el proyecto para una cripta y monumento al Mambí desconocido, del notable arquitecto Félix Cobarrocas, en el Capitolio de La Habana, cuya descripción, asentada en el Libro del Capitolio en 1933, atesora el patrimonio documental de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y que ha servido de base para su materialización en la restauración de tan excepcional exponente del patrimonio cultural cubano en 2019.[26] Concurre aquí, por revelarse como exponente de la concepción de “monumento nacional” en la primera mitad del siglo XX, específicamente anterior al Primer Congreso Histórico Municipal Interamericano, celebrado en La Habana, del 22 al 28 de octubre de 1942.
Para la cripta del Mambí desconocido se ha inspirado su autor, por razones obvias, en las tumbas de Napoleón Bonaparte en París (1861) y la del general Ulysses Grant (1897) en Riverside Park, Nueva York.[27] Si el Capitolio se erige en símbolo de la República, similar connotación debía acompañar a la cripta del Invasor:
Para darle carácter nacional al monumento, se ha valido el artista de los siguientes elementos. // Seis figuras de mujer sostienen el ataúd: son nuestras provincias que ostentan en sus escudos de armas los nombres imperecederos de los combates de la Invasión. // El sarcófago aparece, en su tapa, cruzado de extremo a extremo con el machete libertador, que partió desde donde se encuentra la inscripción de Baraguá, hasta la de Mantua, es decir, indicando todo el recorrido de aquella epopeya incomparable de triunfo y de muerte. Guirnaldas con el gorro frigio de la República y coronas funerarias que llevan en su centro las iniciales consagradas de Patria y Libertad, completan por los extremos y lados del sarcófago, esa su dedicación nacional. // ¿Y qué otro simbolismo mejor, ni más cubano para cobijar esa tumba como tantas otras perdidas en nuestra tierra, que bajo las pencas de la palma criolla (decorado de los nervios que forman la bóveda) y para alumbrarla desde lo alto (iluminación superior desde el centro del techo de la bóveda y en forma estrellada) que con la luz de la Estrella solitaria? // El sarcófago y las seis figuras serán de bronce; el pedestal de mármol de color obscuro; los muros de piedra de Capellanías duras de cincel; los pisos y escaleras de mármol de colores armónicos. // La bóveda se construirá con una estructura de acero, revestida de estuco imitando la piedra de Capellanías. // La decoración será de líneas severas y en armonía con la misma se decorará un pequeño local que habrá en la cripta y que está destinado a museo histórico. // Los tres nichos para conservar las banderas históricas llevarán cierres de cristal con marcos de bronce. De bronce serán también las rejas, los candelabros y pebeteros. // La iluminación se obtendrá por la estrella lumínica de cristal del techo y por candelabros que se situarán alrededor de la cripta. // La cripta y tumba del soldado desconocido será, en suma, el sagrario del más noble recuerdo que puede albergar un patriota en su corazón: el del mambí anónimo que, envuelto en su propio heroísmo, cayó un día para siempre en la manigua redentora.[28]
¿Conocía Félix Cobarrocas el proyecto escultórico de Sicre para Mantua? ¿Resulta posible la representación de la Invasión de Oriente a Occidente al margen del tránsito de sus tropas por todo el territorio nacional? La descripción corresponde a 1933; en abril de ese año fue cancelada la serie de sellos postales “XXXV Aniversario de la Guerra de Independencia”, y el 19 de septiembre, “el Monumento al Soldado Invasor entró en la Historia de Cuba, y con él, Mantua, el joyel de occidente”. Su iconografía no dista, en connotación territorial, a la descrita por el arquitecto Cabarrocas.

Ambos creadores saben cuán esencial es para la comunicación el sistema sígnico que estructura en arte el discurso, esa subjetividad que aterroriza a los cientistas ajenos a los procesos sociales y humanistas; e incluso a quienes permanecen atados al rancio positivismo que anunciaba ser desterrado un siglo atrás. Françoise Choay (París 1925-2025), teórica e historiadora del urbanismo y la arquitectura que incorpora al espacio un interesante mirar antropológico, llama la atención sobre el sentido original del término monumento, “derivado de monere (avisar, recordar), aquello que interpela a la memoria”: “La naturaleza afectiva de su vocación es esencial: no se trata de constatar cosa alguna ni, tampoco, de entregar una información neutra sino de suscitar, con la emoción, una memoria viva”. ¿No es esta la pretensión que subyace en toda obra conmemorativa?
En este primer sentido, el término monumento denomina a todo artefacto edificado por una comunidad de individuos para acordarse de o para recordar a otras generaciones determinados eventos, sacrificios, ritos o creencias. La especificidad del monumento consiste entonces, precisamente, en su modo de acción sobre la memoria que utiliza y moviliza por medio de la afectividad, para que el recuerdo del pasado haga vibrar al diapasón del presente.[29]
¿Esa es la intención de Sicre al reproducir el facsímil del Acta del Ayuntamiento que otorga oficialidad al término de la Invasión en Mantua? ¿Ese documento que ofrece testimonio del democrático acto público que protagonizan no solo los líderes de la contienda invasora, sino también los funcionarios españoles y pobladores que moran en el poblado?

Explicita Choay: “ese pasado invocado, convocado, en una suerte de hechizo, no es cualquiera: ha sido localizado y seleccionado por motivos vitales, en tanto que puede contribuir directamente a mantener y preservar la identidad de una comunidad étnica, religiosa, nacional, tribal o familiar” y, en una especie de conexión intergeneracional, destaca, “el monumento es, tanto para quienes lo edifican como para los que reciben sus mensajes, una defensa contra los traumatismos de la existencia, un dispositivo de seguridad”, al considerar que “el monumento asegura, da confianza, tranquiliza al conjurar el ser del tiempo”. Como llamado de atención, en el dialogo entre construcción social y patrimonialización subraya:
El monumento se asemeja fuertemente a un universal cultural. Parece estar presente, bajo una multiplicidad de formas, en todos los continentes y prácticamente en todas las sociedades, posean o no escritura. Según los casos, el monumento rehúsa las inscripciones o bien las acoge, parsimoniosa o liberalmente hasta, a veces, recubrirse con ellas y esbozar una deriva hacia otras funciones. Sin embargo, el papel del monumento, en su sentido original, ha perdido su importancia de forma progresiva en las sociedades occidentales, tendiendo a borrarse en tanto que el término mismo adquiría otras significaciones. Polémico en dos de sus dimensiones. Desde el punto de vista conceptual, la discontinuidad observable en el proceso histórico social inherente al desarrollo de toda sociedad, al optar, erróneamente, por radicales rupturas tras sustanciales cambios políticos y económicos. la conformación de las ideas que desde la praxis construye la sociedad.[30]
Mantua, Monumento Nacional
¿Cuándo se dan en Cuba los primeros pasos hacia las declaratorias de Monumentos Nacionales? ¿Qué horizontes culturales le sirven de referencia? Una aproximación a la sistematización del tema nos hará comprender el lugar que compete a Mantua en el proceso de patrimonialización cultural en la Isla.
Los antecedentes de la categoría “Monumento Nacional” se encuentran asociados a la Revolución Francesa, en particular en la relación entre bienes nacionales y monumento histórico. El primero de ellos, fruto de la nacionalización de los bienes de la Iglesia mediante los decretos del 2 de noviembre de 1789, 9 de noviembre de 1791 y 10 de agosto de 1792; el segundo, motivado por la demolición de la Bastilla como obra simbólica del periodo prerrevolucionario, lo que conllevó a la creación de la Comisión de Monumentos, mediante el decreto del 13 de octubre de 1790, encargada de estudiar «el destino de los monumentos, las artes y las ciencias», lo que conllevaba a crear un inventario de obras significativas. Finalizando el siglo XVIII, decreto-ley y comisiones, legislaban la protección de las “antigüedades nacionales”.
La noción de monumento histórico dio lugar a la política de protección que reconoce el interés público por los edificios específicamente por el arte y la historia asociados al monumento, y constituye una servidumbre de utilidad pública. En España, mediante Real Orden del 28 de agosto de 1844, Isabel II declara a la Catedral de León como el primer Monumento Nacional de España, lo que suponía que el Estado se hacía cargo de las obras de la llamada “Gran restauración del siglo XIX”.
Los primeros pasos de declaratoria de Monumentos Nacionales en Cuba se manifiestan con la Ley del 24 de julio de 1928, en la que reza: “El Ejecutivo Nacional queda autorizado para hacer la declaratoria de Monumento Nacional, dictando los reglamentos y disposiciones que crea convenientes para la mejor y más eficaz protección de dichos documentos, bien sean de carácter histórico, artístico o patriótico; así como para la conservación de las riquezas y bellezas naturales del país”. El pronunciamiento de Rafael Rodríguez Altunaga por la declaración de Trinidad en El Comercio, en 1929, da muestra de su divulgación. Mas no es hasta ocho años después, mediante el decreto presidencial no. 3057, del 9 de agosto de 1937, firmado por Laredo Brú, que se crea la Comisión Nacional de Arqueología, “Primer organismo de carácter nacional creado para velar por la conservación del tesoro cultural de la República”, al tener a su cargo el registro de muebles e inmuebles de valor arqueológico o histórico de interés arqueológico o histórico y utilidad pública y los Monumentos Nacionales.[31]
Sin embargo, entre la Ley del 24 de julio de 1928 y el Decreto no. 3057, se otorgan en Cuba, mediante decretos-leyes cinco declaratorias de Monumentos Nacionales, generalmente olvidadas a instancia nacional, pero perpetuadas desde las historias locales en que se encuentran. Durante la presidencia provisional de Carlos Mendieta Montefur (del 18 de enero de 1934 al 11 de diciembre de 1935), la “Plaza de la Catedral y los edificios que la rodean en La Habana”, mediante el Decreto Ley no. 613 del 23 de octubre de 1934 y “el pueblo de Mantua”, por el no. 207, del 1ro de septiembre de 1935. En la de José Agripino Barnet y Vinageras (del 11 de diciembre de 1935 al 20 de mayo de 1936), “la Ciudad de Bayamo”, por el no, 483 del 30 de diciembre de 1935 y; por Federico Laredo Brú (del 24 de diciembre de 1936 al 10 de octubre de 1940), “el Cementerio de Santa Ifigenia”, en Santiago de Cuba, mediante el no. 2933, del 7 de septiembre de 1937; y “la Plaza de Armas”, el 9 de agosto de 1937.

De modo que, en principio, corresponde a Mantua la segunda de las declaratorias de Monumentos Nacionales en la República de Cuba, mas la primera en la tipología de asentamiento urbano, tesis que ha considerado el historiador e investigador Ludín Fonseca García, al abordar el caso de Bayamo en “Ciudad Monumento Nacional”, donde precisa: “Existe una deuda de la historiografía nacional y local con el otorgamiento a Bayamo, pues el historiador de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring es el único que ha publicado un artículo sobre el asunto”, [32] al tiempo que destaca:
Este vacío es necesario suplirlo porque permitirá conocer las motivaciones del gobierno, el papel desempeñado por los bayameses en su obtención, así como las causas que impidieron preservar, durante la República burguesa, las ruinas de las moradas de los patriotas que iniciaron el proceso independentista en Cuba, además, importantes exponentes de la arquitectura.[33]
No es posible comprender el desempeño de los cubanos en el registro, protección y salvaguarda del Patrimonio Cultural de la Nación con vacíos similares. Ante la implementación de la Ley 155/2022: “Ley General de Protección al Patrimonio Cultural y al Patrimonio Natural” emerge el reto no solo de conocer la historia del patrimonio cultural en Cuba, sino también, y esencialmente, las lecciones que ofrece en cuanto a su gestión en la contemporaneidad.
Para un análisis de contenido del Decreto-Ley no, 207 que otorga a Mantua la declaratoria de Monumento Nacional se ha consultado la Gaceta Oficial de la República de Cuba que conserva la biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística, en la antigua Sociedad Económica del País.[34]
El documento fue firmado el 3 de septiembre de 1935 en el Palacio de la Presidencia y publicado en las páginas 2 y 3 de la Edición Extraordinaria no. 198, el 6 de septiembre de 1935 por Carlos Mendieta y Montefur (San Antonio de las Vueltas, 4 de noviembre de 1873 - La Habana, 27 de septiembre de 1960), médico, político y militar cubano que participó en la Guerra del 95 donde alcanzó el grado de coronel en el Ejército Mambí, Presidente Provisional de la República de Cuba entre el 18 de enero de 1934 y 11 de diciembre de 1935, tras las renuncias del llamado Mesías de la Cubanidad, Ramón Grau San Martín (10 de septiembre de 1933 – 15 de enero de 1934); el ingeniero naval Carlos Evia (entre el 15 y 18 de enero al 1934), y el escritor y diplomático Manuel Márquez Sterling (18 de enero de 1934).
Como se ha indicado ya, sin perder la perspectiva histórica, se presente desentrañar mediante un análisis de contenido, las lecciones que dicho documento ofrece al ámbito patrimonial y de forma particular en relación con el lugar que ocupa Mantua en la historia del patrimonio cultural en Cuba. Estamos ante un Decreto-Ley propuesto por el Consejo de Estado, aprobado por el Consejo de Secretarios y que es aquí “sancionado” por el Presidente Provisional de la República. Mas allá de un texto político, se trata de un texto cultural apto para interpretaciones desde diferentes perspectivas.
Por cuanto: Para digna perpetuación del recuerdo de la épica jornada de la Invasión que la crítica militar sitúa justicieramente entre las hazañas más portentosas de un siglo, y como imperecedero tributo de admiración y gratitud a los que con sus sacrificios y su heroísmo brindaron a la Patria la gloria de aquel episodio, se efectuó, a iniciativa merecedora en alto grado de estímulo y reconocimiento, de la Asociación de la Prensa de Cuba una suscripción pública para levantar un monumento al Soldado Invasor.
Llama la atención el decreto-ley, en primer orden, a la construcción del Monumento al Soldado Invasor, “artefacto para acordarse” o “recordar a otras generaciones”, la significación otorgada desde la otredad a la epopeya de la Invasión, al tiempo que deviene no solo homenaje a “los que con sus sacrificios y su heroísmo brindaron a la Patria la gloria de aquel episodio”, sino también a sus promotores, una comunidad orgullosa de haber sido parte de dicha gesta en la que ocupa lugar la Asociación de la Prensa en Cuba, institución en la que se subyace la pasión del espirituano León Brunet Ramírez por Mantua, escenario de la alegría que trajo consigo el fin de la Invasión. ¿Constituyó este Por Cuanto la base sobre la cual el profesor Ariel Lemes Batista atribuye a la obra escultórica la condición de Monumento Nacional?
Por cuanto: Erigido ya dicho monumento en el pueblo de Mantua, donde terminó el veinte y dos de enero de mil novecientos noventa y seis la gesta sublime, extendiéndose el acta que bajo la firma del Lugarteniente General y Jefe del Ejército Invasor Antonio Maceo y otros Jefes del Ejército Libertador, dejó perdurablemente incorporado el nombre de Mantua a la proeza guerrera considerada como la base fundamental del éxito de nuestra lucha por la Independencia, lo que sí bastaría para amparar todo empeño extraordinario en velar por aquel pueblo, máxime si se tiene en cuenta que al suscribir el expresado documento "Los vecinos de más arraigo en la localidad sin distinción de opiniones políticas" hicieron constar su adhesión "a los principios y fines del Ejército Libertador y su Jefe" depositando en los mismos sus esperanzas de que ello "redundaría en beneficio de la comarca empobrecida".
El segundo, hace gala de Mantua como escenario y del acta del Ayuntamiento como documento histórico, interpretando en ella una especie de proyecto político y social para los habitantes del poblado, un compromiso al que se ha de dar cumplimiento con la declaratoria de Monumento Nacional. ¿Se trata de la puesta en valor del patrimonio como fuente de desarrollo local? ¿Acaso de una deuda a saldar con los protagonistas del término de la invasión en Mantua? Obsérvese que no escapa al Decreto-Ley la cita de frases claves escritas el 23 de enero de 1896, ahora eternizadas en bronce por el escultor Juan José Sicre y Vélez, artífice silenciado en el primer Por Cuanto.
Por cuanto: Identificado el actual Gobierno de la República con los patrióticos móviles que determinaron el noble homenaje, ha dispuesto lo necesario para construir un parque para el adecuado emplazamiento de la estatua y proporcionando también los recursos indispensables para la instalación del alumbrado y algunas otras mejoras.
El tercero revela la connotación política e ideológica del proceso de legitimidad que acompaña a Mantua en el concierto del patrimonio cultural. Si el monumento ha sido gestado y construido bajo el control político del General Machado, su inauguración debía ser expresión de la Nueva Revolución, correspondiendo a Ramón Granda, alcalde provisional de Mantua entre 1933 y 1935, con apoyo del gobierno central, la consolidación del espacio mediante un parque que dio prestancia urbanística a la obra arquitectónica, a lo que se añade el alumbrado y “algunas otras mejoras”. En el debate político de la nación podría estar la disputa de la fecha en que fue develado el monumento, el 19 de septiembre de 1933, a las cuatro de la tarde, o el 4 de agosto de 1935. Recuérdese que su imagen circulaba ya, como símbolo de la Invasión, en un sello postal desde el 23 de abril de 1933.
Por cuanto: El prestigio histórico adquirido por el pueblo de Mantua y las otras razones anteriormente expuestas requieren especiales medidas destinadas a evitar que permanezca en el aislamiento y la pobreza, disminuyéndose a virtud de eso su población y su importancia y a procurar de todos modos que el acceso al lugar se facilite no solo a los extranjeros que visiten el País, a quienes debemos esforzarnos en hacerles conocer las grandezas de nuestra Epopeya emancipadora, sino a cuantos residen en el territorio nacional, y particularmente, a los de edad escolar, en quienes la frecuencia de esas patrióticas peregrinaciones habrá de exaltar los sentimientos de amor a la nacionalidad y de veneración por las virtudes, los ejemplos y las enseñanzas de los que la crearon.
El cuarto y último, revela la histórica vinculación entre patrimonio, turismo y educación patrimonial, elementos que acompañan su gestión desde pasadas centurias. La primera Ley que autoriza al Presidente de la Republica para hacer declaratorias de Monumentos Nacionales en Cuba, de julio de 1928, establecía en función de ello dictar “los Reglamentos y disposiciones convenientes para la mejor y más eficaz protección de dichos monumentos”; avala la “relación con el poder político, de gobierno y de los medios de comunicación masiva, para su reconocimiento, valorización y defensa a partir de políticas públicas”.[35]

Por tanto: En uso de las facultades que le están conferidas por la Ley Constitucional de La República, el Consejo de Secretarios resuelve dictar el siguiente:
Decreto Ley No. 207
Artículo I.- Se declara que el pueblo de Mantua, en el Término Municipal del mismo nombre, Provincia de Pinar del Río, tiene el carácter de monumento nacional.
¿Bajo qué principios ignora la Ley no, 2, Ley de los Monumentos Nacionales y Locales, del 6 de agosto de 1977, la presente tipología? ¿Inscribirlo como Sitio Histórico implica el cuidado y protección de su paisaje arquitectónico? ¿Por qué reemplazar la imagen del Monumento al Soldado Invasor, de 1933, por el conjunto escultórico de Mango de Roque, de 1996?[36] “Es por ello que definimos al significado cultural como una construcción conceptual compleja que vincula las etapas de la vida histórica de un bien patrimonial que permite comprender su razón de ser en el tiempo, detectar lo que es importante en la vida de los mismos y explicarlo como producto cultural”.[37]
Artículo II.- La Secretaría de Obras Públicas procederá a realizar los estudios y hacer los planos y Presupuestos necesarios para llevar a cabo en el orden que vaya aprobándolas el Consejo de Secretarios, según lo permitan los Fondos disponibles del Tesoro, las obras que a continuación se determinan:
(a) Terminación de la carretera que una a Mantua con Pinar del Río pasando por Guane. // (b) Carretera que una a dicho pueblo de Mantua con el Puerto de Arroyos de Mantua. // (c) Limpieza y Dragado del Puerto de Arroyos de Mantua, a fin de dejarlo habilitado para el tráfico marítimo. // (d) Reparación de las calles y embellecimiento del pueblo de Mantua. // (e) Instalación o perfeccionamiento de los servicios de agua y alumbrado. // (f) Construcción de edificios adecuados para escuelas, oficinas públicas, hospitales y cuartel. // (g) Establecimiento de un campo de aterrizaje. // (h) Estimulación de la construcción del Ferrocarril llamado Noroeste, desde Guanajay, a Cabañas, Bahía Honda, La Esperanza, Dimas y Mantua. // (i) Cualquiera otras que sugiera el Comité a que se refiera en el artículo siguiente en relación con la finalidad de este Decreto-Ley.
La declaratoria, si bien manifiesta jerárquicamente su gestión en el ámbito nacional, provincial y municipal, pretende otorgar a Mantua una notable independencia en comunicación territorial, potenciando con ello un intercambio cultural de insospechadas consecuencias. ¿Cuántos de esos proyectos fueron ejecutados?
Articulo III.- Se crea con carácter honorífico un Comité para colaborar con el Secretario de Obras Públicas, en el cumplimiento del artículo anterior. // Dicho Comité estará integrado por:
El Secretario de Obras Públicas, que lo presidirá. // El Gobernador de la Provincia de Pinar del Río. // El Alcalde Municipal de Mantua. // Un miembro de la Asociación Cubana de Ingenieros. // Un miembro del Consejo Nacional de la Asociación de Veteranos de la Independencia. // Un miembro de la Asociación de la Prensa de Cuba. // Un miembro del Consejo Nacional de la Asociación Hijos de Veteranos de la Independencia. // Un miembro de la Comisión Nacional para la construcción del monumento al Soldado Invasor, que será el Secretario del Comité.
Por tanto: Mando que se cumpla y ejecute el presente Decreto-Ley en todas sus partes.
Dado en el Palacio de la Presidencia, en La Habana, a los 3 días del mes de septiembre de mil novecientos treinta y cinco.
CARLOS MENDIETA
Enrique Ruiz Williams,
Secretaría de Obras Públicas
La documentación consultada permite constatar que a partir de 1937 y en particular durante el primer lustro de los 40, establecieron regulaciones para los bienes declarados bajo los decretos leyes presidenciales. En el caso de Mantua no han sido localizadas. Como en el caso de la Ciudad de Bayamo, se creó un Comité similar y en ambos participaba Enrique Ruiz Williams, en la secretaría de Obras Públicas.
La etapa de resignificación patrimonial de Mantua como bien patrimonial estará sujeta no solo a su condición histórica, sino también a los cambios de paradigmas que acompañan al patrimonio en el devenir del tiempo. Para ello centremos la atención en las representaciones que del Monumento Nacional hacen sus moradores en las celebraciones del cincuentenario y el centenario de la Invasión de Oriente a Occidente, aniversarios en los que resulta un resurgir del pasado.
[1] El pequeño Larousse Ilustrado, p. 1500, Ediciones Larousse, Paris-México, 2011.
[2] Ludín B. Fonseca García: “Ciudad Monumento Nacional”, p. 8, La Demajagua, Bayamo, sábado, 5 de noviembre de 2016.
[3] V.: Marcos Antonio Tamames Henderson: “Mantua (I). La construcción de un patrimonio cultural”, Blog Cubarte, 31 de marzo de 2026. https://cubarte.cult.cu/blog-cubarte/mantua-i-la-construccion-de-un-patrimonio-cultural/
[4] Pedro Paz Arellano: “Significación espacial de los monumentos históricos de interés nacional”, p. 55, Boletín de Monumentos Históricos, (44):55-74, México, septiembre – diciembre de 2018.
[5] Bernard Pottier (dir.): Diccionarios del saber moderno del lenguaje, p. 546, Ed. Mensajero, Bilbao, 1985; Apud. Pedro Paz Arellano: Ob. Cit., nota 1, p. 55.
[6] El pequeño Larousse ilustrado, Ob. Cit., p. 693. Las referencias que continúan corresponden a esta fuente.
[7] “En el debate entre ética artística y exigencia del jurado, el conjunto escultórico a Maceo fue realizado bajo exigencias de estética gubernamentales que se tradujeron en «ese absurdo caballo griego, con ese general de parada encima»; desestimada fue la propuesta en la que Antonio Maceo, el «mambí» protagonizaba una de sus tantas cargas al machete”. Marcos Antonio Tamames Henderson: “Conjunto escultórico al General Antonio Maceo en Centro Habana”, Blog Museo Municipal de Centro Habana, Las Habana, 20 de mayo de 2021. https://museocentrohabana.blogspot.com/2021/05/conjunto-escultorico-al-general-antonio.html.
[8] El pequeño Larousse ilustrado, Ob. Cit., p. 734.
[9] “[…] cuanto más críticamente se ejerza la capacidad de aprender tanto más se construye y desarrolla lo que vengo llamando “curiosidad epistemológica”, sin la cual no alcanzamos el conocimiento cabal del objeto”. V.: Paolo Freire: Pedagogía de la autonomía, pp. 13, Paz e Terra, Sao Paulo, 2004. [PDF].
[10] El pequeño Larousse ilustrado, Ob. Cit., p. 776.
[11] Laurajane Smith: “El espejo patrimonial. ¿Ilusión Narcisista o reflexiones múltiples?”, Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, (12):39-63, Bogotá, enero-junio 20 de abril de 2011.
[12] V.: Yamile Deriche Redondo: “Patrimonio y subjetividades: idas y vueltas”, pp. 36-37, en Fabiola Yazmín Rodríguez Orantes (coord.): Patrimonio cultural y natural. Reflexiones para la acción, pp. 35-52, Universidad de Baja California Sur, México, 2024.
[13] La voz memorabilia nos viene del inglés, aunque sea de origen latino, y se emplea para una colección de recuerdos y de objetos relacionados con una personalidad, un acontecimiento histórico, una película, un movimiento cultural… Jover Besos: “El oteador de palabras: memorabilia”, El blog de la FundéuRAE, https://www.fundeu.es/blog/el-oteador-de-palabras [10-4-2026]-
[14] José Luis Reyes: “Cuba Collectibles', la Isla que ya no existe explicada a través de sus objetos”, Diario de Cuba, Miami, 14 de abril de 2025. https://diariodecuba.com [10-4-2026].
[15] “Cuba. Sellos postales (1899-2022)”, https://www.stampworld.com, [6-4-2026].
[16] Ernesto Cuesta: “La filatelia cubana del período republicano, 1902-1958”, http://www.philat.com , [PDF] [12-4-2026]. Se ha atribuido al ejemplar consultado el año de 1935 atendiendo a su contenido.
[17] “Las últimas emisiones de Cuba”, Revista Filatélica de Cuba, p. 3, La Habana, [1935], http://www.philat.com/biblio/R/RFC3506a.pdf. [11-4-2026]. Número de ejemplares por valores: 1 millón para el de 3cts, 500 mil para los de 5 y 10, 350 mil para el de 13, y 200 mil para el de 20 cts. En el catálogo Ybert la serie está registrada con el no 212/4.
[18] Carlos Monge: “Que significan los símbolos, colores y dibujos en los sellos y monedas”, Numismática y Filatelia Monge, Barcelona, 26 de enero de 2026, https://www.filateliamonge.com/blog/curiosidades/que-significan-los-simbolos-colores-y-dibujos-en-los-sellos-y-monedas [6-4-2026].
[19] Juan Hernández Machado: "Antonio Maceo a través de los sellos postales cubanos", Blog Cerro Filatélico, viernes, 24 de marzo de 2017, https://filateliacerro.blogspot.com/2017/03/antonio-maceo-traves-de-los-sellos. [6-4-2026]
[20] Museo Municipal Oscar Lucero Moya y Joven Club de Computación y Electrónica Mella: "Obelisco Erigido a la Protesta de Baraguá", https://www.ecured.cu/Obelisco_Erigido_a_la_Protesta_de_Baragua. [16-4-2026]
[21] “El monumento fue demolido en el año 1963 y levantado nuevamente en 1965. Fueron suprimidas la imagen de la cúspide conocida como La Piedad y la tarja”. Joel David Monzón Li, Amanda Elena Castillo Peraza y Vivian Bárbara González Curbelo: “Batalla de Mal Tiempo: una luz en la historia de Cruces”, p. 12, Revista Científica, Cultura, Comunicación y Desarrollo, 5(1):10-16, Cienfuegos, enero de 2020.
[22] “Batalla de Mal Tiempo”, https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Mal_Tiempo, [17-4-2026].
[23] “Combate de Coliseo”, EcuRed, https://www.ecured.cu/Combate_de_Coliseo_(Cuba), [17-4-2026]. “La primera descarga simultanea de los dos batallones es estrepitosa y a continuación sobreviene un aguacero de balas. Cae muerto el caballo de Maceo y son heridos varios oficiales al pie del Lugarteniente General, entre ellos el auditor Francisco Fraxes”.
[24] Carlos García Vélez y Augusto Casamayor Guerrero: Cuba Descriptiva: Datos sobre Municipios y Barrios, T. VII, pp. 137-138, 1913. Apud. Joha Orihuela y Ricardo Viera: “Estatua del Soldado Desconocido: Vigía de la Plaza de la Vigía”, Blog San Carlos de Matanzas, 2 de mayo de 2018. https://sancarlosdematanzas,blogspot.com/2018/05/estatua-del-soldado-desconocido-vigia [17-4-2026].
[25] V.: Israel Escalona-Chádez y Manuel Fernández Carcassés: “Las huellas en el tiempo. Evocación patrimonial, memoria e historiografía”, en su “Historia y memoria. Santiago de Cuba y la encrucijada histórica del 98”, pp. 62-71, Santiago, Número Especial, pp. 52-71, Santiago de Cuba, 2015.
[26] “Gerardo Machado y Morales (1925-1929) (1929-1933), hizo una de las mas importantes contribuciones al embellecimiento y planificación de La Habana, Su obra física queda para siempre inscrita en la historia como un logro positivo, al igual que en el aspecto ético-político queda inscrito negativamente en la historia como un dictador mas del zoológico caribeño y latinoamericano”. Nicolas Quintana: “Arquitectura y urbanismo en la Republica de Cuba (1902-1958”, p. 10. Apud. Pilar Fernández Prieto: Arquitectura habanera (1925-1935, Ed. Adagio, La Habana, 2008. V.: Marcos Antonio Tamames Henderson: “El Capitolio. Génesis y creación de un símbolo nacional”, Blog Cubarte, 24 de diciembre de 2019. https://cubarte.cult.cu/el-capitolio-genesis-y-creacion-de-un-simbolo-nacional/ [19-4-2026].
[27] El artista no rehuyó de propósito la semejanza, por estimar que se trata de una disposición que podríamos llamar clásica, ya que es la única que verdaderamente responde al fin propuesto, pues el respeto debido a la paz de un sepulcro impone el aislamiento y la separación. El público podrá contemplar el sarcófago, pero a cierta distancia, desde la baranda que circunda la abertura central de la rotonda y mirando hacia abajo, esto es, hacia el seno de la tierra donde cayó para siempre el héroe anónimo. El contacto inmediato con la tumba quedara reservado por medio de un descenso en escalera al piso inferior de la cripta, solo para los que allí concurran a depositar la ofrenda del agradecimiento patrio”. “Cripta y tumba del Mambí desconocido, en el Capitolio”, Libro del Capitolio, La Habana, mayo de 1933, pp. 409-417; Patrimonio Documental, Oficina del Historiador de la Ciudad, Colecciones Digitales, no. 24055, pp. 106-109, https://repositoriodigital.ohc.cu/s/repositoriodigital/item/5988, [17-4-2026].
[28] “Cripta y tumba del Mambí desconocido, en el Capitolio”, Loc. Cit.
[29] Françoise Choay: Alegoría del patrimonio, p. 4, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2007. “Su obra resulta clave para definir la semántica y las contradicciones del patrimonio cultural”. V.: Alfonso Valenzuela Aguilera: “La alegoría de la imagen. Conversación con Françoise Choay”, Topofilia, 28(30):184-189, México, abril-septiembre de 2025.
[30]Ibid., p. 5.
[31] V.: Marcos Antonio Tamames Henderson: “La red de museos en aniversario. ¿Conmemoración o recapitulación?”, Cubarte, 27 de octubre de 2016. https://cubarte.cult.cu/periodico-cubarte/la-red-de-museos-en-aniversario-conmemoracion-orecapitulacion-ii, [18-4-2026].
[32] Ludín B. Fonseca García: “Ciudad Monumento Nacional”, La Demajagua, Bayamo, sábado, 5 de noviembre de 2016, p. 8.
[33] Ibidem.
[34] Instituto de Literatura y Lingüística, Biblioteca, "Decreto -Ley 207, Palacio de la Presidencia, La Habana, 3 de septiembre de 1935", en Gaceta Oficial de la República de Cuba, Edición Extraordinaria No. 198, pp. 2-3, La Habana, viernes 6 de septiembre de 1935. [11-3-2026].
[35] V.: Yamile Deriche Redondo: Ob. Cit.
[36] V.: Consejo Nacional de Patrimonio Cultural: “Mantua”, en Monumentos Nacionales de la República de Cuba, p. 220, Ed. Collage Ediciones, La Habana, 2015.
[37] Lorena Manzini: “El significado cultural del patrimonio”, p. 27, Estudios del Patrimonio Cultural, (6):27-42, Argentina, junio 2011.

24 de Abril de 2026 a las 12:40
Trabajos como este, permiten conocer más del patrimonio cubano. Gracias Marcos por acercarnos al patrimonio de Cuba
24 de Abril de 2026 a las 13:20
Genial. Un estudio profundo sobre Mantua, pero sin dejar ver los referentes culturales que le antecedieron y otros que en paralelo obtuvieron el mismo tratamiento. Gracias Marcos por el carácter científico y profesional de tus artículos. Como diría nuestro José Martí "Un pueblo que olvida su historia está condenado a volverlo a vivir".
Deje un comentario