Moviendo los Caracoles: humor y obra de Enrique “Kike” Quiñones


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La sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba acogió el evento Moviendo los caracoles, para llevar las obras premiadas o nominadas en el Festival Caracol -importante concurso de cine, radio y televisión- a las comunidades, universidades y centros culturales fuera de los circuitos habituales. Centrado en la obra de Enrique Quiñones, el certamen se convirtió en un espacio de promoción cultural, donde se presentaron fragmentos de sus monólogos, programas de TV y espectáculos teatrales, para el análisis y disfrute del humor inteligente, seguido de un debate o conversatorio. Pues no es solo hacer reír, sino reflexionar sobre la calidad del guion, la puesta en escena y el mensaje social del humor.

Enrique Quiñones, quien fuera director del Centro Promotor del Humor, es visto como un referente de cómo hacer reír con pensamiento. Es además, un maestro del humor satírico, social y lingüístico, con obras que se caracterizan por no buscar la risa fácil a través de la vulgaridad, sino que su humor requiere que el espectador esté atento y sea culto. Es un experto en el juego de palabras, el verso, la décima y el doble sentido, utilizando el "albur" o la ironía con elegancia. En tanto, en sus monólogos diseccionan la realidad cubana, la burocracia, las colas, la migración, las relaciones de pareja y las contradicciones de la vida diaria, retratando al cubano de hoy, con sus "inventos" y su psicología, siempre desde una óptica intelectual y crítica.

Para Cuba, el humor es mucho más que un entretenimiento; es un mecanismo de supervivencia. Como definió el intelectual Jorge Mañach, "el cubano usa el choteo para rebajar la autoridad de lo que le oprime". Es una forma de quitarle peso a la tragedia. Es nuestra válvula de escape en una sociedad con fuertes tensiones económicas y sociales. En ese sentido, el humor permite decir "verdades" que en otros contextos serían difíciles de expresar. Es un espacio de libertad, pero también de resiliencia. Reírse de nuestros propios problemas, "reír para no llorar", ayuda al cubano a resistir la crisis y a mantener la salud mental frente a la adversidad. Además de que nos sirve como espejo social para denunciar la corrupción y la ineficiencia, con la esperanza de que al señalarlo, se pueda corregir.

El nivel de aceptación de la obra de Quiñones es muy alto y de gran prestigio, por varias razones. El público cubano es muy instruido y agradece que no se le subestime. Quiñones ofrece un humor elaborado que los espectadores disfrutan descifrar. Sus temáticas son las mismas que preocupan a la personas de a pie, que a intelectuales, por lo que sabe adaptar su discurso sin perder la calidad. La gente lo siente cercano, y se identifica con sus personajes y situaciones.

Su paso por programas televisivos muy populares, como "Deja que yo te cuente" y su liderazgo en el Centro Promotor del Humor, le han ganado el cariño y el respeto de varias generaciones, por ello llevar su hacer a "Moviendo Caracoles", fue una celebración del humor como arte mayor en Cuba. Permitiendo hacer una representación en la que el cubano se mirase en el espejo, reconociera sus fallas, y se reíse de ellas con inteligencia, manteniendo viva la crítica y la esperanza a través de la palabra.

 


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