Ni un Sí ni un No


ni-un-si-ni-un-no

Sobre las tablas del Hubert de Blanck, una de las obras de Abelardo Estorino que aborda no solo una estructura humorística, sino también una profunda carga social.

De uno de los cronistas más agudos de la subjetividad cubana, Ni un sí ni un no, fue escrita en 1980. Momento en el que el dramaturgo utilizó la comedia para diseccionar un mal que aquejaba a la sociedad en crisis o en procesos de transformación profunda; la parálisis ante la toma de decisiones y el miedo a la definición. Él no solo construyó una comedia de enredos domésticos, sino que hilvanó una metáfora sobre la identidad y el compromiso social.

Ni un sí ni un no centra la trama en la vida de una pareja, Eduardo y Elena. El conflicto surge cuando Eduardo, un hombre que parece vivir en un limbo de opiniones, es incapaz de dar una respuesta rotunda ante cualquier situación, ya sea cotidiana o política. Y es que en el título se resume la esencia del personaje: un individuo que ha optado por la "zona gris" para sobrevivir.

Haciendo uso del humor satírico para mostrar cómo la burocracia del pensamiento y el deseo de quedar bien con todos terminan por vaciar al individuo de su propia esencia. La comedia no nace de situaciones absurdas externas, sino de la incapacidad interna de los personajes para ser coherentes. Elena, por su parte, representa la presión de la norma y el intento desesperado por mantener una apariencia de estabilidad, en un entorno que exige definiciones constantes.

Uno de los elementos centrales de la obra son las "máscaras". Estorino explora cómo los personajes actúan de una forma en la esfera pública y de otra en la privada. Eduardo no es solo un indeciso, es un hombre que teme las consecuencias de su propia voz. Y en el contexto de los años 80, esto aludía directamente a los mecanismos de simulación social. En tanto la risa del espectador es de reconocimiento: nos reímos de lo que nosotros mismos ocultamos por conveniencia o temor.

A pesar de haber sido escrita hace más de cuatro décadas, Ni un sí ni un no tiene una vigencia aterradora. El análisis para la realidad se puede dividir entre la incertidumbre y el auge de nuevos actores económicos, un estado de transición constante, la inflación. Por demás, muchos se encuentran en ese mismo estado de Eduardo: intentando navegar donde las reglas cambian y donde decir "sí" o "no" a un proyecto de vida es una decisión compleja.

Por su parte, la obra sigue representando el conflicto entre lo que se dice en los espacios íntimos y lo que se manifiesta en los oficiales. La "indefinición" que Estorino criticaba sigue siendo una estrategia de supervivencia.

Una obra que nos recuerda: una sociedad que no puede definirse con claridad, es una sociedad que se estanca. A esta realidad se suma la parálisis de los personajes, que reflejan también el cansancio emocional. La obra representa ese "limbo" en el que se pueden encuentran muchos entre el deseo de prosperar (el barco de la abundancia) y la precariedad de la realidad (la salud quebrantada o la falta de recursos).

El "Ni un sí ni un no" es hoy la respuesta de muchos.


0 comentarios

Deje un comentario