Un libro para pensar la historia de la educación en Cuba


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En esta oportunidad reflexionaré sobre el libro de Yoel Cordoví Núñez titulado En defensa del cuerpo. Dispositivos de control escolares en Cuba. 1793-1958, publicado por la Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2022.

Cordoví  es un historiador altamente conocido y valorado dentro de la comunidad de historiadores debido a la excelencia de su quehacer historiográfico, el alto nivel de sus cursos y conferencias impartidos en Cuba y en el extranjero, y por sus colaboraciones y asesoramientos en diferentes instituciones académicas del país. A lo que deben sumarse sus quehaceres como tutor y miembro de tribunales de pre y posgrados y de defensa doctoral. Tampoco puede omitirse su doble doctorado en Ciencias Históricas y Pedagógicas.

Yoel ha transitado por diferentes áreas del conocimiento de las ciencias históricas: la historia de las ideas con sus incursiones en el liberalismo decimonónico y el conservadurismo republicano, la historia cultural, la de la cultura, la social y de la pedagogía o la educación, como quiera apreciarse. Lo cierto es que dicha diversidad le ha facilitado una amplia visión de las diferentes problemáticas socioculturales de la historia nacional, lo cual se evidencia en su quehacer epistemológico carente de visiones sesgadas y reduccionistas. Cuestión esta última, lamentablemente, no siempre presente en la literatura historiográfica donde lo que predomina es el culto, por decirlo de alguna forma, a la llamada especialización, bajo el pretexto de la necesaria acumulación de conocimientos en una determinada área de saberes. Sin embargo, se omite o descalifica, con semejante criterio, la polisemia del sujeto histórico, problemática cada vez más ostensible en los avances de las actuales ciencias sociales e históricas en particular. Esto último está imbricado con la naturaleza, cada vez más evidente, de los procesos sociales contemporáneos cuyas historicidades requieren de la diversidad epistemológica, de lo contrario no se puede apreciar el desarrollo ascendente de la condición humana en su carácter de centro del mundo que le es inherente.

Es conocido que los estudios sobre la educación en Cuba abarcan, fundamentalmente, las áreas relativas a la historia de la pedagogía, la didáctica, los medios de enseñanza, los programas de estudio, el magisterio, el proceso docente educativo y el alumnado, entre otras temáticas, según los tiempos y espacios específicos.

Los autores más conocidos y citados por nuestros estudiosos son Alfredo Aguayo, Rita Marina Álvarez, Herminio Almendros, Antonio Bachiller y Morales, Alfonso Bernal del Riesgo, Rolando Buenavilla, José F. Castellanos Peláez, Justo Chávez, Nicolás Garófalo, Ramiro Guerra Sánchez, Yoana Hernández, Salvador Massip, Fernando Ortiz, Alejandrina Penabad, Hortensia Pichardo, Fernando Portuondo, José Rodríguez Ben, Enrique Sosa, Eduardo Torres Cuevas, Carlos Trelles, entre otros.

El autor del libro que reseño en esta oportunidad es también poseedor de una amplia bibliografía pedagógica. Algunos de sus títulos son José de la Luz y Caballero: la disciplina escolar; Magisterio y nacionalismo en las escuelas públicas de Cuba, 1899-1920; La “disciplina autónoma” desde la psicología del aprendizaje de Alfredo Miguel Aguayo; y Los manuales de higiene escolar para maestros en Cuba, 1902-1963. Como se puede apreciar, dentro del conocimiento histórico educacional, Cordoví ha explorado diferentes áreas perceptibles en sus investigaciones, y en particular en el libro que hoy refiero.

Ciertamente, los grandes ideólogos, políticos e intelectuales de diferentes saberes, cubanos y foráneos, han fijado su interés en la educación. Tal vez, el origen esté en las concepciones de la Enciclopedia inglesa y francesa, cuyos principales exponentes la ubicaron en el centro de los procesos emancipadores. Desde ella, al decir de sus defensores, podía transformarse la sociedad al crearse un sujeto totalmente liberado de las ancestrales ataduras de la esscolática colonial. Es decir, sin educación y cultura en general no hay emancipación posible. Recuérdese al gran Martí, cuando subrayaba que el nuevo sistema social exigía mentes y conductas diferentes a la anterior. Y para esa ruptura se requería de la educación como formadora de nuevos hábitos, costumbres, mentalidades y formas de vida. Insistía en que no se podía pensar y actuar acorde a las normas impuestas por el anterior régimen político. Situación que él supo apreciar en los países latinoamericanos independizados políticamente de España, pero no en lo sociocultural.

Obviamente, tanto nuestro Héroe nacional como otros pensadores de los siglos XIX y XX, no concibieron la pedagogía como la patente única para la emancipación moral de los pueblos, sino como parte de los procesos socioeconómicos y políticos radicales y transformadores de las estructuras sostenedoras del orden colonial. Pero siempre bajo la égida de que la formación de los educandos constituía un pilar de primer orden en ese empeño.

Yoel Cordoví ha revisado detenidamente, bajo una óptica crítica, la literatura de las ciencias sociales que aportan directamente al tema central del libro que comento. De la sociología asumió los hábitos y costumbres; de la etnografía y la lingüística, el verbo y las expresiones subjetivas; de la antropología física, el cuerpo humano y sus concreciones en la higiene escolar; de la filosofía, la historia de las ideas; de la historia cultural, las representaciones e imaginarios; de la pedagogía, el sistema integral de la enseñanza; y de la historia política, el discurso ideológico y algunos elementos del contexto específico de la época. Todo este conjunto de saberes le posibilitó la construcción de un discurso académico convincente sobre los métodos del aprendizaje para determinados maestros y estudiantes dentro de un sistema pedagógico involucrado en un específico régimen social, como es el de la esclavitud, portador de hábitos y costumbres que aún persisten en la actualidad, por asombrosos que parezcan para el ser común.

Ciertamente, la herencia esclavista se mantiene en el tiempo por deleznable que resulte. Así se evidencia en el catigo corporal no solo a los educandos, sino a cualquier supuesto infractor de las normas cívicas o de otra naturaleza. Inclusive, no pocas veces prevalece el criterio, en diferentes esferas sociales, de que el trabajo físico debe asumirse para corregir las supuestas conductas inapropiadas dentro de la sociedad, incluyendo la rebeldía contra el orden político.

Un aspecto relevante en el libro de Cordoví es su diálogo con la literatura metodológica sobre el tema. A diferencia de otros autores, él logra aplicar adecuadamente los conceptos y las teorías como parte de la realidad que describe y analiza, y no a la inversa. Su objetivo es visibilizar teóricamente las múltiples acciones que inciden en el ejercicio pedagógico estudiado por él. Su amplia bibliografía nacional y foránea, tradicional y moderna, da fe de su ausencia de prejuicios y criterios reduccionistas cuando de salvar el alma de educadores y educandos se trata.

Es de agradecer un texto que facilita pensar el futuro desde los caminos del pasado y el presente.


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