Literatura infantil y cánones literarios: Debates del Premio Casa


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En sus 64 ediciones, el Premio Literario Casa de las Américas ha sido un espacio de reflexión teórica, actualización y debate acerca del panorama literario del Continente. A raíz de la convocatoria actual, los jurados de las categorías de literatura para niños y jóvenes y ensayo de tema artístico-literario se reunieron para intercambiar en sendos paneles de conferencias.

A propósito de los rumbos que ha tomado la literatura dedicada a los más pequeños en los últimos años conversaron Geraldine de Santis, docente, investigadora y narradora dominicana, y Ricardo Fernandes, escritor y periodista brasileño. En sus respectivos países, esta producción literaria ha evolucionado de manera significativa a pesar de los condicionamientos impuestos por las editoriales extranjeras que lideran el mercado del libro.

Frente a la carencia de literatura infantil entre los materiales docentes de las escuelas dominicanas, desde los inicios de su carrera como profesora de Santis intenta conformar un fondo nacional de literatura infantil. Reconoció el florecimiento del género en el país en cuanto a temas, formatos y modalidades de lectura, al punto de ser la literatura más publicada en la actualidad. Si bien las prácticas lectoras están mediadas por padres y educadores, actualmente, quienes escriben para los infantes buscan responder a sus necesidades según las diferentes edades. El objetivo es tratar al niño en su «dimensión lectora» mediante el respeto y la transparencia.

En el caso brasileño, a pesar de verse afectado por los mecanismos editoriales capitalistas que encarecen los precios del libro y dificultan su accesibilidad en las comunidades vulnerables, se evidencia una evolución en cuanto a contenido. A comienzos de la década del 20’, la literatura infanto-juvenil brasileña se consolidaría con obras como Sitio do picapau amarelo (La finca del pájaro amarillo) de Monteiro Lobato, en las que confluyen el folclore y la modernidad. En la actualidad, si bien los mitos tradicionales siguen siendo eje de recreaciones literarias, las propuestas para niños y niñas incluyen temas como el racismo, el bullying, el uso de la tecnología, las relaciones domésticas, las identidades de género o el cuidado medioambiental.

Según Fernandes, en Brasil son muchos los jóvenes cuyas vidas transcurren en las calles a expensas de enfrentar conflictos delictivos, frente a lo cual las bibliotecas se han convertido en centros para la difusión de la lectura, y también en puntos comunitarios de atención y resguardo para personas de todas las edades. De esta manera, al acudir, los jóvenes restablecen o inician sus contactos con la literatura y, paulatinamente, se distancian de los ambientes conflictivos.

En el caso de República Dominicana, los desafíos surgen a raíz del encarecimiento del libro como mercancía. La mayoría de las familias no tienen suficiente capacidad de compra y el libro resulta un lujo frente a las necesidades primarias. Sin embargo, el alto nivel de publicaciones, ya sean financiadas por editoriales extranjeras o a través de la autogestión de los autores, refleja un panorama en el que cada vez se insertan mayores cuotas de literatura infantil en las bibliotecas o instituciones escolares. Por lo que ambos conferencistas reconocieron la influencia de las políticas estatales y locales en la difusión de prácticas lectoras.

La segunda sesión de la tarde correspondió a las ponencias del jurado de las obras ensayísticas, compuesto por el escritor guatemalteco Arturo Arias, el ensayista, poeta y profesor universitario cubano Leonardo Sarría, y Liliana Bellone, narradora, poeta, dramaturga y ensayista argentina, que trabajó en el certamen de manera virtual.

Como representantes de la labor académica en sus países, Arias y Sarría debatieron acerca de la noción de «canon literario», su vigencia y los conflictos y límites presentes en ambos relatos nacionales. Concebida como un «conjunto de textos», la idea de un canon literario respondía a las necesidades de alfabetización y educación de las mayorías durante el paso de las sociedades feudales al capitalismo industrial. De forma simultánea a estos procesos, se desarrollaron los modelos nacionalistas promovidos por las clases e ideologías dominantes. Arias recalcó la necesidad de cuestionar el canon en cuanto modelo de nación, sobre todo en países como Guatemala, donde la diversidad cultural queda desplazada ante la hegemonía de los patrones heredados de la colonia. No obstante, el canon en su conformación trasciende la institucionalidad en la medida en que se insertan autores como Miguel Ángel Asturias, cuyas intervenciones redefinieron el rumbo del panorama literario y cultural de sus naciones.

Un ejemplo de la conformación, evolución y reestructuración de los cánones literarios fue traído a colación por Sarría. Durante el surgimiento de los distintos cánones en Cuba mediaron, igualmente, factores ideológicos de diferenciación de clases sociales, género o etnias, que corresponden a las etapas progresivas de consolidación del relato nacional. Desde las primeras nociones criollas, la distinción de una «identidad cubana» frente a la metrópoli colonial fue respaldada por una comunidad letrada proveniente de la clase alta. Obras como Espejo de paciencia, adjudicada al escritor Silvestre de Balboa y considerada la primera en las letras cubanas, demuestran los códigos socioculturales del momento, así como los valores y matices del pueblo criollo en formación.

Sin embargo, tal y como lo demuestra el trabajo investigativo del propio Sarría, los cánones literarios demandan ser revisados y cuestionados en pos de conocer mejor el relato cultural de nuestros pueblos. Frente a ellos se imponen las miradas cuestionadoras de cada generación, nuevos géneros y autores que aportarán a sus literaturas las vivencias y sentidos de su época.


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