Ciego de Ávila: Teatro, memoria y pueblo en un mismo latir


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Fotos: Marcelino Vázquez Hernández

La noche encontró en el Teatro Principal un escenario esplendido y cómplice, como si sus muros intuyeran que esta velada tendría un carácter especial. Desde el primer momento, el espacio se convirtió en un cruce entre tiempos y territorios: entre Santiago y Ciego de Ávila, entre poesía y música, entre memoria y celebración.

El actor Luis Ricardo Faura abrió la gala con la convicción de quien convierte la palabra en causa. Ataviado para el combate, ofreció los versos del Indio Naborí: “Era La mañana de la Santa Ana”, con una intensidad que capturó cada mirada. A su alrededor, los bailarines dibujaban en movimiento los ecos de un carnaval imaginado, como si Santiago susurrara desde lejos que contar la historia con arte es más que recordar: es revivir.

El primer secretario del Comité Central del PCC, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y otras autoridades, asistieron a la Gala Cultural Latir por un 26.

La Gala Cultural Latir por un 26 no fue un acto formal. Fue una muestra de cómo el arte puede ser espacio para la reflexión y la alegría. En las butacas, junto al primer secretario del Comité Central del PCC, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y otras autoridades, se encontraban jóvenes, trabajadores, artistas y habitantes de la ciudad que entienden que el 26 de Julio no es una fecha conmemorativa, sino un símbolo de la Revolución.

Con la interpretación de Dolores Santa Cruz, Patricia Hernández aportó uno de los momentos más memorables de la noche.

Lucy Safonts lo transmitió con fuerza. Su interpretación de Siempre es 26, profunda y rica en matices, dejó claro que la canción no era solo homenaje: era convicción. Acompañados por Yu Dance, cuyos movimientos evocaban resiliencia y esperanza, el escenario se llenó de sentido.

El Corávila presentó su versión de “Quien fuera”, de Silvio Rodríguez, logrando esa alquimia que solo la música auténtica permite: hacer del público parte activa. Las palmas no se hicieron esperar, porque hay canciones que son eternas.

“Quien fuera”, de Silvio Rodríguez, llegó en las voces de Corávila.

Uno de los momentos más memorables llegó con Patricia Hernández. No interpretó a Dolores Santa Cruz: la habitó. Junto al grupo Caminos Teatro y la presencia simbólica de los orishas, construyó una escena cargada de misterio y herencia. No fue una estampa folklórica, sino una declaración artística de identidad.

Como cierre de la velada, Marlenin Pina y el elenco de Morón Teatro presentaron un fragmento de Cecilia Valdés, acompañados por estatuas de barro que parecían cobrar vida. Fue un guiño a la tradición, sí, pero también un recordatorio de que la cultura cubana no es reliquia, sino energía que fluye.

Marlenin Pina y el elenco de Morón Teatro presentaron un fragmento de Cecilia Valdés.

Cuando todos los artistas se unieron en el escenario para interpretar “Cuba, qué linda es Cuba”, desaparecieron las fronteras entre intérpretes y espectadores. Lo que quedó fue la certeza que brinda el arte genuino.

Ciego de Ávila lo entendió. Y esta gala, discreta en su montaje pero profunda en contenido, lo reafirmó. Porque en esta provincia, como en toda Cuba, el 26 de Julio no sólo se refleja en los libros de historia: se reconoce en las voces, en los gestos, en el arte que nos convoca a seguir adelante.


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