Las Culpas del Inocente de Sama Pacheco


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La Cabaña cierra sus puertas, pero la Feria Internacional del Libro sigue su recorrido por las provincias del país. La Fiesta inunda nuestro Archipiélago.  El libro andará por todas partes para bien de nuestro pueblo.

Aquí por el momento, tienen una bella entrega, La Culpas del Inocente del distinguido  poeta  cubano Jesús Sama Pacheco. Se debía el autor a sí mismo  y por tanto a la poesía juvenil este valioso texto, donde la décima revolotea  con la historia y  la historia con la décima.

No creo que haya armonía mejor. Son treinta y dos espinelas, donde el poeta descubre la vida  a toda plenitud.

Alimentando  el ambiente poético en citas oportunas, se halla  el lirismo de Dulce María Loynaz, rondando la cabeza del creador, que combina la música  reveladora  de Beethoven con la que Verlaine llamaba  los engaños de la rima.

Todo un poema original y tierno que el autor entrega  en cuatro segmentos  el primero “Del Amor” que avanzan por los caminos del verso con su inocencia a cuesta y el amor como enigma que nadie disfruta  ileso.

“Del cantar”, viene después, con la misma cantidad de espinelas que el segmento anterior. En ellas la canción como recurso indispensable para hacer descender los celajes.  Es la rosa  que da la vida.

El poeta se muestra como un artesano que labra las palabras en sus propias melodías y aparece con fuerza creativa anunciando en las sombras  los latidos de su cantar. La música deviene entonces superior a la filosofía.

El  artista  verdadero que hay en Sama aflora en todas sus expresiones y se prepara para el tercer segmento “Del Andar”. Son trece décimas por el ancho  camino que le anuncia su propio corazón.

Transitar la vida hacia  un futuro ajeno por senderos ocultos, donde a veces triunfan perversidades, se pierden modales gentiles  y las verdades parecen huir, le  provoca un fluir poético sencillamente enaltecedor.

La décima la hace suya el poeta. Hay en este momento un amplio canto de humanidad y compromiso, cuando el amor no vacila en lanzar sus luces al mundo porque   la maldad no tiene nombre  pero sí quien la ilumina.

El título del libro cobra fuerza y el poeta desborda una ternura infinita. Conoce el hastío. Solo batallar mitiga la fuerza de sus quebrantos.

Y sigue hacia el final concebido  como “De la fuga”  con nueve décimas y cita de Heráclito. La lucha como padre de todas la cosas.

La vida descubre que a pesar de los años transcurridos, al sueño le quedan hermosos resplandores y aferrarse a la lucha revive ese soñar, aquel que ayer se engendró en la inocencia y que al final del humano recorrido, refuerza la osadía, la misma que permite desafiar el dolor y conquistar todo el valle del universo. Para el autor, la existencia es un ajedrez, de jaque en jaque, sin temor a la incertidumbre. 

Ilusiones y vivencias, como la vida en su conjunto,  se engarzan  con destreza. Buen dominio de la palabra bella, nada engreída, como señala el propio poeta, al mismo tiempo,  que ofrece al lector un pensamiento equilibrado que con  inteligencia  subyuga e invita a la complicidad más pura.

La décima al servicio de la idea precisa y de la humana transparencia.

Si alguien piensa que la vida al final se desmorona, el poeta  trasmite a los que comienzan a vivir,  la energía en  su canto, su risa y el sueño que no declina y el amor que nunca  fenece.

Son  Las Culpas del Inocente, de Sama Pacheco, un gran convite al disfrute en íntima meditación, que los jóvenes sabrán agradecer, porque nada de amor es exceso  y ningún valladar alcanza  a dañar  este humano sentimiento.

Por la Isla avanzarán otros libros de manera digital o en impresiones como éste que hoy le presentamos.

A leer se ha dicho.  Vendrán libros de nuestro país,  del hermano pueblo de Brasil y de otras partes de Nuestra América y del Mundo. La Fiesta de los libros, como un gran árbol de amor,  se extiende y florece aún más.

La Patria se estremece y vive agradecida.

 

 


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