Unas palabras por el Día Mundial del Teatro


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Foto: "Amistades peligrosas". Compañía Teatral Hubert de Blanck

Desde 1962 se celebra en todo el planeta el Día Mundial del Teatro.

Este año el mensaje que tradicionalmente recorre el mundo ha sido preparado por el actor y creador teatral estadounidense Willen Dafoe, muy conocido por el público cubano gracias a los filmes donde ha integrado reparto con destacadas interpretaciones que le han valido cuatro nominaciones a los Premios Oscar.

Pero Dafoe es, además, director del Departamento de Teatro de la Bienal de Venecia y se inscribe entre los fundadores del mítico The Wooster Group, que tuvo su sede en The Performing Garage de Nueva York, entre 1977 y 2004, un proyecto de teatro de vanguardia. También ha colaborado junto a creadores tan connotados por sus originales aportes a la escena contemporánea como la gran Marina Abramovic, Bob Wilson, Richard Foreman y Romeo Castelluci. Cuatro nombres entre los tantos que con su quehacer singular hacen que el teatro en el mundo mantenga ese lugar especialísimo como sitio único donde, a pesar de todas las revoluciones tecnológicas, un actor y un espectador podrán tener siempre la oportunidad de un encuentro a escala sencillamente humana tal y como lo describió y defendió con su propuesta de teatro el maestro polaco Jerzy Grotowski desde los años cincuenta y a lo largo de toda su vida.

Esta fecha creada por el Instituto Internacional del Teatro en 1962 en la apertura de la temporada del Teatro de las Naciones tiene como objetivos lograr que las personas tomen conciencia del valor de esta forma de arte y promover el trabajo de las comunidades creativas del teatro y la danza para que los líderes de opinión tengan consciencia del valor y el alcance de estas formas de arte y les manifiesten su apoyo.

El teatro en particular puede ser crucial en la mediación entre los intereses de los diversos sectores sociales y el Estado y, de hecho, ha logrado incluir en las agendas políticas temas de urgencia que las instituciones gubernamentales y los grupos de poder político no han tenido en cuenta con anterioridad, y nuestro país, Cuba, no ha quedado fuera de este movimiento. De ello da fe la acción y el trabajo creativo a través de diversas épocas de diferentes grupos teatrales comprometidos con sus realidades sociales.

Ahora mismo, en Cuba es pertinente destacar la vocación de permanencia en los escenarios de grupos de artistas con sus instituciones a pesar de que desde los años del llamado período especial hasta hoy los presupuestos del estado destinados al arte teatral sufren una contracción permanente e indetenible, al punto de que gran parte de las producciones teatrales corren ya por cuenta de los artistas, salvo los gastos básicos corrientes de las instalaciones.

En las actuales condiciones en que se desarrolla la vida cotidiana del país y la ciudadanía, los artistas teatrales se resisten a dejar los escenarios y parecen retar al tiempo presente con su permanencia en las tablas e, incluso, con la preparación y presentación de producciones de grandes elencos y un grupo de recursos de vestuario y utilería reinventados una y otra vez desde los viejos almacenes de cada entidad, como sucede con la exitosa temporada de Amistades peligrosas, en puesta de la joven directora Judit Carreño con la Compañía Hubert de Blanck  en su sede de Calzada entre A y B, la cual es correspondida desde su estreno, hace ya cuatro fines de semana, con la presencia de un público atento y agradecido que, contra todo pronóstico, colma la sala cada fin de semana. 

No es solo hacer teatro en las comunidades, donde en ocasiones se realiza con medios mínimos y sin la concurrencia del resto de los recursos de los cuales el teatro se fue apropiando para la elaboración de sus puestas en escena, es el desafío de mantener hoy, en Cuba, con el cerco energético, el teatro en sus propias instalaciones y ofreciendo a su público toda la prestancia y la belleza posible de sus producciones. Ese es el reto que, una vez más, tal y como sucedió en los años 1991 a 1994, han tomado los teatristas cubanos seguidos y aclamados por una población que ya sabe el valor del teatro y que apuesta por la presencia de la fuerza y la belleza del arte en sus vidas sin estar dispuesta a renunciar a ello.

Viva, una vez más, el Teatro.

Vivan los teatristas cubanos y ese público apasionado que los sostiene.

Adelante el teatro. Que es decir: adelante la vida.                  


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